Explore "El cañamón" by Félix María Samaniego on Textopian. Read with annotations and highlights.
Cierta viuda, joven y devota, / cuyo nombre se sabe y no se anota, / padecía de escrúpulos, de suerte / que a veces la ponían a la muerte.
Un día que se hallaba acometida / de este mal que acababa con su vida, / confesarse dispuso, / y dijo al confesor: -Padre, me acuso / de que ayer, porque soy muy guluzmera, / sin acordarme de que viernes era, / quité del pico a un tordo que mantengo, / jugando, un cañamón que le había dado / y me lo comí yo. Por tal pecado / sobresaltada la conciencia tengo / y no hallo a mi dolor consuelo alguno, / al recordar que quebranté el ayuno.