Explore "México profundo" by Guillermo Bonfil Batalla on Textopian. Read with annotations and highlights.
En las páginas anteriores se han ofrecido los argumentos que llevan a la conclusión de que la sociedad mexicana se compone de un abigarrado conjunto de pueblos y grupos sociales que poseen y practican, cada uno de ellos, una cultura específica y diferente de las demás. El grado de divergencia cultural varía, según los casos que se decida comparar, desde matices locales que no alteran la pertenencia a una misma cultura básica, hasta el contraste entre formas de vida radicalmente diferentes, orientadas por proyectos históricos esencialmente distintos. La argumentación también se ha encaminado a mostrar que la diversidad cultural de México no puede entenderse en términos de desniveles culturales, es decir, que no se trata de expresiones de una misma cultura que difieren entre sí debido a la posición que ocupa cada grupo o segmento social dentro del conjunto, lo que determina un acceso mayor o más restringido a los bienes y prácticas de una cultura común.
Este fenómeno, las diferencias culturales debidas a la estratificación social, está sin duda presente en la dinámica cultural del país. Pero de ninguna manera es el factor que permita explicar la diversidad cultural de nuestra sociedad. Mucho más allá de las diferencias coyunturales, lo que está en el fondo y explica la inexistencia de una cultura mexicana única es la presencia de dos civilizaciones que, ni se han fusionado para dar lugar a un proyecto civilizatorio nuevo, ni han coexistido en armonía fecundándose recíprocamente.