Explore "La araña negra, Tomo 7" by Vicente Blasco Ibáñez on Textopian. Read with annotations and highlights.
Desde entonces ni una sola tarde dejaron de verse los dos jóvenes.
A la hora en que la ciudad parecía dormir la siesta al arrullo del ardiente sol, y en que los calientes tonos de luz hacían resaltar los colores del bello paisaje, los dos muchachos subían al tejado para venir a encontrarse en aquella pared que separaba sus respectivas viviendas, María, en lo alto, como una dama feudal asomada al borde del robusto torreón, y Juanito al pie, con su actitud de trovador enamorado, lanzando a su dama platónicos floreos. Faltaba la dorada guzla y las vestiduras brillantes y caprichosas para que aquello fuese igual a uno de aquellos paisajes de abanico que tanto gustaban a la niña.