
Irving Winder relata a un narrador anónimo, en un almuerzo camino a Coney Island, la historia de su amistad con Tomy Richards, hijo de los socios de su padre. Educados juntos desde niños, Irving y Tomy comparten desde siempre la convicción, inculcada por el padre de Irving antes de morir, de que la única guía posible en la vida es hacer una gran fortuna. Con apenas cien mil dólares en 1911 y sin perspectivas de enriquecerse, ambos caen en una desesperación obsesiva por el dinero que envenena hasta sus paseos por Broadway. Una noche, ante el aviso luminoso de la compañía de seguros "Insurance" de la Carolina, a Tomy se le ocurre un plan: jugarse a los dados, entre "senas" y "ases", cuál de los dos debe suicidarse al cabo de un año exacto. El perdedor se asegurará por cincuenta millones de dólares en la Insurance, que paga por suicidio al año de firmada la póliza; el ganador pagará las primas y cobrará el seguro tras la muerte del otro. Sellan el pacto con un apretón de manos en el Manhattan. Esa noche juegan tres partidas. En la definitiva, Tomy tira tres senas y dos ases, pero voltea disimuladamente uno de los dados. Irving, tras un forcejeo verbal y amenazando con dispararse en la sien si Tomy no lo reconoce, logra que Tomy acepte haber ganado él (Irving), cuando en realidad las senas eran solo dos. Irving se asegura al día siguiente; Tomy paga las primas. Fijada la muerte para el 12 de marzo de 1912, Irving decide vivir su último año entregado a los placeres: toma como amante a miss Hellen, artista del Metropolitano, investiga venenos y métodos de suicidio (éter, morfina, coloidalino) y hasta piensa en confesar a Tomy que hizo trampa para heredar la felicidad de una vida modesta junto a Hellen. Pero al enamorarse verdaderamente de ella, calla. Tomy, entretanto, reprocha a Irving que descuide su salud antes de tiempo, pues eso invalidaría el seguro, y le recomienda el coloidalino. El 6 de enero de 1912 Hellen da a luz un hijo, Dick, a quien Irving presenta a Tomy sin explicarle nada más. Llegado el 12 de marzo —día que resulta ser también el santo de Hellen—, Irving almuerza con Tomy en el hotel Saboya. Tomy, con champagne, le habla de la muerte con serenidad filosófica, citando a Maeterlinck, Kempis, San Agustín, y evocando a Washington, Lincoln, Grant y Cristo como futuros compañeros de Irving en el más allá. Irving, pese a idear varios argumentos para librarse del pacto —incluida la existencia de su hijo Dick, ahora heredero legal de la firma "Irving Winther e hijo"—, no se atreve a exponerlos. Van a una farmacia y luego a casa de Tomy, donde Irving se inyecta una sustancia y escribe una nota para la policía declarando que se suicida por voluntad propia. En su delirio agonizante, confiesa en voz alta que hizo trampa en el juego y que roba a su hijo Dick el dinero del seguro, pidiendo perdón a Dios. Tomy, al oírlo, llama a un médico que lo reanima. Tomy declara roto el compromiso, asumiendo que fue él quien mintió por debilidad, y ambos van juntos, vestidos de smoking, a la comida del santo de Hellen en el cottage. Al día siguiente Irving recibe una carta de Tomy anunciando que se ha matado, convencido hasta el final de que fueron tres senas y dos ases. El cuerpo de Tomy nunca aparece. Irving cierra su relato atormentado entre el deseo de matarse por remordimiento hacia Tomy y el de vivir por Hellen y el pequeño Dick, preguntando repetidamente quién puede inculparlo, ya que fue Tomy quien propuso el juego.
By Abraham Valdelomar · First published 1919 · Genre: Magical Realism, Fiction, Romance · 9 chapters · 7188 palabras
A mi amigo Rafael Marquina
Dos amigos me fueron presentados esa noche bajo la luz violeta del Manhattan, en Nueva York: Archibald Scheefer e Irving Winder. Desde el primer instante, toda mi atención fue dedicada a Irving. Era un tipo de estudio. Bien sabéis cuán difícil es encontrar en un tipo caucásico una cara interesante. Siendo común encontrar en los tipos morenos espíritus pensativos, es raro hallarlos entre los hombres blancos. Sólo en los tipos que han nacido bajo el sol y se han criado en la perezosa molicie de los trópicos o en los arenales, se enseñorea un espíritu. Los climas fríos no dejan pensar a los hombres porque hacen trabajar demasiado a los músculos.
Tres senas, dos ases figura en Textopian como novela de Abraham Valdelomar, con fecha de 1919 d. C.
Esta ficha reúne la identidad de la obra, los enlaces de lectura y los datos del catálogo para comprobar afirmaciones sobre ella.
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