Dos burros

Dos burros de Bruno Traven (1976)

Faltando una semana para la cosecha, el narrador es expulsado de la tierra que había sembrado por un hombre que se dice su propietario, perdiendo así el fruto de su trabajo, valuado en seiscientos pesos, sin recibir ni una mínima parte. En el pueblo le informan que ese hombre nunca se había ocupado de la tierra y solo quería beneficiarse de su trabajo. Tras vender sus aperos y cabras, busca otro lugar y toma posesión de un ranchito abandonado y en ruinas, cuyas casas fueron saqueadas durante la revolución, viviendo mientras tanto en un jacal destartalado del pueblo por el que paga la misma renta que por el ranchito. Al observar que todos los campesinos indios poseen burros y montan en ellos aun para trayectos cortos, y que se ríen a sus espaldas al verlo caminar a pie cargando pala, pico y machete, decide comprarse uno para no ser visto como de raza inferior. Como nadie vende burros en el pueblo, repara en uno que anda suelto desde hace tiempo sin que nadie lo use: el más feo de su especie, con una oreja caída y la otra colgante por un machetazo, y un tumor voluminoso en el anca izquierda, posiblemente por mordedura de serpiente, picadura de insecto o un hueso mal soldado. Libre y despótico, el animal domina a los demás burros y se cree dueño de todas las hembras. Un día sirve por accidente a dos muchachitos indios que lo cargan de leña cuando su propio burro se niega a caminar; al llegar a su jacal, el animal no quiere irse y lo tienen que echar a pedradas. El narrador averigua con el padre de los muchachos, don Isidoro, quien le asegura que la bestia no tiene dueño y le dice que se lo lleve, y así lo hace, llevándolo a su corral y comprándole maíz. Una semana después, el vecino don Ofelio, tras visitarlo y hablar de diversos asuntos, afirma que el burro es suyo y, tras más de dos horas de regateo, se lo vende por cuatro pesos. Dos semanas más tarde, otro vecino, don Epifanio, sostiene también ser el dueño legítimo, acusando a Ofelio de ladrón y embustero, y respaldado por el testimonio de su compadre Anastasio; el narrador, sospechando del apuro de Epifanio pero sin forma de verificar derechos, termina pagándole dos pesos veinticinco centavos para evitar que lo denuncie ante el alcalde por robo. Epifanio se aleja quejándose de haber sido víctima de abuso. El domingo siguiente, el narrador conversa con el alcalde, don Anselmo, quien le revela que el burro era en realidad un animal de la comunidad por tratarse de una bestia extraviada, y que solo él, como alcalde, tiene derecho a venderlo; además llama ladrones y asesinos a Ofelio y Epifanio y a Anastasio, asegurando que los hará fusilar cuando lleguen los soldados. Tras más regateo, el narrador le paga cinco pesos y recibe un recibo oficial con sello y estampillas. Poco después regresa al pueblo la señora Tejeda, mestiza temida por su genio violento, dueña del único mesón de la región, tras ocho semanas de ausencia visitando a su hija en Tehuantepec. Se presenta furiosa en casa del narrador, lo insulta llamándolo ladrón y gringo piojoso, y exige la devolución inmediata del burro, rechazando el recibo del alcalde y acusándolo también de ladrón y falsificador. El narrador se lo entrega sin poder impedirlo, y luego se entera de que ella nunca lo usaba ni alimentaba. Al ofrecerle comprárselo para salvar su dinero y proteger al animal de un mal trato, ella se niega rotundamente y se marcha profiriendo insultos. El narrador acude entonces al alcalde a reclamar los cinco pesos pagados por el burro comunitario. Este admite que el dinero legítimamente le pertenece, pero que ya se gastó en una camisa y suela de huaraches para sí mismo, justificándolo como necesidad de mantener la dignidad de su cargo ante la comunidad. El relato cierra señalando que el burro feo anda nuevamente en busca de algún sitio tranquilo donde vivir, lejos ya de aquel pueblecito oaxaqueño, pues su reputación de roba ganado y despojador de gente pobre ha quedado desastrosa.

By Bruno Traven · First published 1976 · Genre: Adventure, Comedy, Drama · 5108 palabras

Primeras líneas

Faltando una semana para poder recoger la cosecha por la cual había yo trabajado tan duramente, se me presentaron una mañana dos hombres armados con escopetas. Uno de ellos me dijo que era el propietario de las tierras en las cuales había yo sembrado, y que si en veinticuatro horas no abandonaba el lugar, me haría encarcelar.

Qué documenta esta página de Textopian

Dos burros figura en Textopian como cuento de Bruno Traven, con fecha de 1976 d. C.

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