
La Rima XII de Gustavo Adolfo Bécquer es un poema de carácter laudatorio en el que el poeta dirige sus versos a una joven que se lamenta de tener los ojos verdes, considerándolos un defecto que afea su rostro. El poema se estructura en torno a un argumento central que el poeta repite y desarrolla a lo largo de sus estrofas: los ojos verdes de la muchacha no son una imperfección, sino todo lo contrario, una cualidad extraordinaria y digna de admiración. Para demostrar su tesis, Bécquer recurre a una amplia galería de referencias que asocian el color verde con la belleza, la nobleza y lo sublime. En primer lugar, el poeta apela a figuras mitológicas y religiosas de gran prestancia. Las náyades, ninfas acuáticas de la tradición grecolatina, tienen los ojos verdes. También los tenía Minerva, diosa de la sabiduría en la mitología romana, símbolo de inteligencia y poder. Y las huríes del paraíso islámico, descritas en la tradición del profeta Mahoma como seres de belleza incomparable, comparten igualmente ese color. Con estas referencias, Bécquer eleva el color verde al rango de atributo divino y mítico, muy alejado de cualquier connotación negativa. A continuación, el poeta enumera elementos del mundo natural y simbólico en los que el verde ocupa un lugar privilegiado. Es el color que engalana el bosque en primavera, estación por excelencia asociada al renacimiento, la fertilidad y la alegría. Aparece también en el arco iris, entre sus siete colores, como parte de un espectáculo natural de belleza reconocida universalmente. Las esmeraldas, piedras preciosas de enorme valor y admiración, son verdes. Y verde es, además, el color de la esperanza, virtud cardinal en la tradición cristiana y cultural occidental. Las ondas del océano y el laurel de los poetas, corona de gloria y reconocimiento intelectual, completan esta enumeración que convierte el verde en sinónimo de riqueza, vida y excelencia. Tras establecer la dignidad del color en términos generales, Bécquer pasa a describir la belleza particular de la joven en su conjunto, confrontando cada rasgo físico elogiado con el estribillo que recoge la queja de ella. Su mejilla es comparada con una rosa temprana cubierta de escarcha, en la que el carmín de los pétalos se trasluce entre perlas, imagen que combina delicadeza, frescura y luminosidad. Su boca es descrita como una granada de rubíes purpúrea y abierta, que en el estío invita a apagar la sed, evocando sensualidad y vitalidad. Su frente, coronada por una trenza de oro rizado, es comparada con una nevada cumbre en que la luz del día refleja sus últimos destellos, imagen de majestuosidad y pureza. Tras cada una de estas descripciones, el poeta intercala el estribillo en el que reconoce que, a pesar de todas esas gracias, la joven sigue quejándose de sus ojos. La fórmula repetida, que podría traducirse en sustancia como "y sin embargo, sé que te quejas porque crees que tus ojos te afean, pues no lo creas", funciona como eje estructural del poema y refuerza la intención persuasiva del hablante. Cada vez que aparece, el poeta ofrece una nueva imagen para describir los propios ojos verdes en el contexto del rasgo que acaba de elogiar. Así, los ojos son comparados sucesivamente con hojas tempranas de almendro que tiemblan al soplo del aire, imagen de fragilidad y vida naciente; con las olas del mar que rompen en las peñas cantábricas cuando la joven se enoja, evocando fuerza, movimiento y energía indómita; y finalmente con broches de esmeralda y oro que sujetan un blanco armiño junto a las sienes rubias, imagen de lujo, refinamiento y armonía cromática. El poema responde a los rasgos propios del Romanticismo becqueriano en su vertiente más lírica y delicada. La voz poética adopta una postura de galantería y ternura hacia la destinataria, combinando la tradición petrarquista del retrato femenino fragmentado con una sensibilidad moderna que incorpora imágenes de la naturaleza vigorosa y del mundo clásico. El uso del estribillo confiere al poema una musicalidad casi popular, próxima al romance o la canción, y la acumulación de comparaciones crea un efecto de insistencia amorosa que subraya la convicción del poeta frente a la inseguridad de la joven.
By Gustavo Adolfo Bécquer · First published 1871 · Genre: Romantic Poetry, Lyric Poetry, Love Poetry · 277 palabras
Porque son, niña, tus ojos verdes como el mar te quejas: verdes los tienen las náyades, verdes los tuvo Minerva y verdes son las pupilas de las hurís del profeta.
El verde es gala y ornato del bosque en la primavera.
Entre sus siete colores brillante el iris lo ostenta.
Las esmeraldas son verdes, verde el color del que espera y las ondas del Océano y el laurel de los poetas.
poesía · romanticismo · lírica · amor · belleza · ojos verdes · idealización · misterio · melancolía · sensibilidad · admiración · juventud
Rima XII figura en Textopian como poema de Gustavo Adolfo Bécquer, con fecha de 1871 d. C.
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