
La Rima XVIII de Gustavo Adolfo Bécquer es un poema lírico que recrea un instante de íntima contemplación amorosa, en el que el poeta observa a una mujer que descansa tras el baile con una flor mecida sobre su pecho. El poema se abre con una escena de gran sensorialidad: una mujer, fatigada por el baile, con el rostro encendido y el aliento agitado, se detiene en un extremo del salón apoyada en el brazo del poeta. La imagen es delicada y precisa: entre la gasa ligera que cubre su pecho palpitante, una flor se mece con un movimiento suave y acompasado. El poeta compara el movimiento de esa flor con el de una cuna de nácar empujada por el mar y acariciada por el céfiro, sugiriendo que la flor duerme mecida por el soplo de los labios entreabiertos de la mujer. El instante es tan perfecto, tan lleno de belleza suspendida, que el poeta desearía que el tiempo se detuviera allí para siempre. Termina con un pensamiento de envidia tierna hacia la flor: si las flores duermen, ¡qué dulcísimo sueño debe de ser el de aquella, dormida sobre ese pecho vivo y cálido! La rima construye su belleza sobre la tensión entre lo fugaz y lo eterno. El instante captado es brevísimo, casi imperceptible, pero el poeta lo convierte en un cuadro de perfección absoluta mediante la acumulación de imágenes sensoriales suaves: el calor del cuerpo femenino, el movimiento rítmico de la flor, el aliento que escapa por los labios entreabiertos. Todo conspira para crear una atmósfera de intimidad contenida, de deseo que no se declara directamente sino que se filtra a través de la envidia poética hacia la flor. El símbolo central del poema es precisamente esa flor mecida sobre el pecho de la mujer. No es un mero adorno decorativo, sino el objeto que ocupa el lugar que el poeta desearía ocupar: el lugar del contacto físico, del calor compartido, de la cercanía con lo amado. Al proyectar sus deseos sobre la flor, Bécquer logra expresar una emoción erótica de manera completamente velada y sublimada, característica fundamental de su estética romántica. El deseo queda así enunciado de forma indirecta, trasladado a un ser diminuto e inanimado que, sin embargo, goza de una proximidad que el poeta solo puede contemplar desde fuera. La estructura del poema es fluida y musical, con versos de distinta medida que crean un ritmo ondulante que imita el propio balanceo de la flor. Bécquer utiliza comparaciones de gran delicadeza, como la de la cuna de nácar movida por el mar, para elevar la escena cotidiana del salón de baile a una dimensión casi onírica. El salón, con su bullicio implícito, queda reducido a un fondo borroso; lo que importa es ese rincón quieto donde el tiempo parece haberse detenido en torno a la mujer y su flor. La Rima XVIII es representativa del estilo becqueriano en su conjunto: la preferencia por lo sugerido sobre lo declarado, la musicalidad del verso, la centralidad de la figura femenina como depositaria de una belleza que el poeta contempla pero a la que no puede plenamente acceder, y el uso de elementos naturales sencillos como vehículos de emociones complejas. La mujer no habla, no actúa, apenas existe como presencia física luminosa; es el poeta quien carga el momento de significado a través de su mirada y su pensamiento. Esa asimetría entre quien mira y quien es mirado, entre quien desea y quien permanece ajeno al deseo, es uno de los motores líricos más constantes de las Rimas en su totalidad. En definitiva, la Rima XVIII condensa en pocos versos uno de los grandes temas becquerianos: la belleza como experiencia fugaz e inalcanzable, el deseo que se expresa mediante el rodeo y la proyección, y la capacidad del poeta para transformar un instante trivial en una imagen de eternidad deseada.
By Gustavo Adolfo Bécquer · First published 1871 · Genre: Romanticism, Love Poetry, Lyric Poetry · 92 palabras
Fatigada del baile, encendido el color, breve el aliento, apoyada en mi brazo, del salón se detuvo en un extremo.
Entre la leve gasa que levanta el palpitante seno una flor se mecía en compasado y dulce movimiento.
Como en cuna de nácar que empuja el mar y que acaricia el céfiro, tal vez allí dormía al soplo de sus labios entreabiertos.
¡Oh! ¿Quién así -pensaba- dejar pudiera deslizarse el tiempo?
Rima XVIII figura en Textopian como poema de Gustavo Adolfo Bécquer, con fecha de 1871 d. C.
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poesía · romanticismo · lírica · amor · desamor · melancolía · soledad · idealismo · sentimiento · nostalgia · intimismo · naturaleza