El cervantismo

El cervantismo de José María de Pereda (1881)

«El cervantismo» es un ensayo satírico de José María de Pereda en el que el autor arremete contra la manía colectiva, surgida en la España del siglo XIX, de venerar a Cervantes y al *Quijote* de manera desmedida, acrítica y a menudo ridícula. Pereda comienza definiendo los términos: el cervantismo es la manía de los cervantistas, y el cervantista es quien admira a Cervantes y se dedica a ilustrar y comentar sus obras. Encuadra este fenómeno dentro de un rasgo del carácter español que ya señalara Chateaubriand: la tendencia a permanecer en la apatía hasta que un estímulo externo despierta un entusiasmo desproporcionado y efímero. Así, durante siglos España ignoró a Cervantes —el *Quijote* era apenas conocido fuera de los círculos literarios, y muchos confundían a don Quijote y Sancho con personajes históricos sin saber quién los había creado—, hasta que alguien extranjero señaló la obra con el dedo. Entonces el país entero cayó en tropel sobre ella: las prensas vomitaron ediciones populares, el nombre de Cervantes apareció en la popa de barcos carboneros, en registros de minas, en membretes de sociedades anónimas y en muestras de zapatería; se celebraron aniversarios de su nacimiento, su muerte, su redención por los trinitarios y su casamiento; brotaron academias cervantinas, semanarios cervantinos y averiguadores cervantescos. A continuación Pereda cataloga los excesos de la erudición cervantista. Estudiosos de toda laya han proclamado, en escritos sesudos y pespunteados, que de las obras de Cervantes se desprende que el autor fue, sucesivamente, teólogo, jurisperito, cocinero, marino, geógrafo, economista, médico, liberal, administrador militar, protestante y viajero —esto es, un *Cervantes omniscio* cuya obra representa la suma de los conocimientos humanos—. Pero el colmo de la enfermedad, el *delirium tremens* del cervantismo, lo encarna un personaje que lleva treinta años afirmando que nadie ha sabido leer el *Quijote*, porque la novela no es lo que parece: no hay Dulcinea, ni Sancho Panza, ni molinos, ni yangüeses; todo es alegoría. Concretamente, el *Quijote* sería el siglo XIX hablando en profecía desde el siglo XVII, la protesta de un alma demócrata y librepensadora contra la tiranía y la Inquisición. El diálogo que Pereda reproduce entre este intérprete y sus interlocutores —que le preguntan por qué Cervantes no logró hacerse entender en casi trescientos años si su alegoría era tan clara— resume con ironía mordaz la esterilidad de semejantes polémicas. Pereda prolonga la sátira hacia el futuro: augura que, siguiendo la misma lógica con que ya se niega la existencia de Homero o de Hesíodo, llegará un día en que algún sabio francés niegue que Cervantes existió. Ese hipotético crítico argumentará que en el siglo XVII los únicos letrados en España eran frailes, que el *Quijote* no pudo ser obra de un solo hombre por sus inconsistencias internas —el episodio del Rucio robado, las novelas interpoladas— y que el nombre de Cervantes no es más que el seudónimo colectivo de una comunidad de traductores. Todo ello apoyado en catorce volúmenes de comentarios de algún literato andaluz que habrán demostrado que «ni Cervantes es Cervantes, ni el Quijote es el Quijote». Esa escuela acabará creando una nueva generación de *cervantistas andantes* que recorrerán el mundo deshaciendo escolios y enderezando notas. Frente a tanto exceso, Pereda formula su posición con claridad. Cervantes merece admiración verdadera, no la de cascabeles y trajes de payaso. El *Quijote* debe popularizarse —incluso declararse texto escolar— pero en una edición establecida de una vez por todas por autoridades literarias reconocidas, sin más notas que las imprescindibles para aclarar voces anticuadas o identificar parodias de los libros de caballerías. A partir de ahí, ese texto debería declararse monumento nacional y protegerse de toda alteración, porque las erratas, los descuidos y los arrepentimientos del propio Cervantes son precisamente el mejor testimonio de la espontaneidad y la frescura de la obra. Cada nuevo comentarista que enmienda el *Quijote* siembra la duda sobre qué palabras son de Cervantes y cuáles de sus correctores. Pereda concluye anhelando el día en que el cervantismo pase como pasan las epidemias y el *Quijote* vuelva a reinar en la literatura española tal como lo conocieron quienes aprendieron en él a leer, a pensar y a sentir: sin teologías, sin náutica, sin claves alegóricas ni itinerarios, y con sus erratas incluidas.

By José María de Pereda · First published 1881 · Genre: Satire, Literary Criticism, Essay · 5534 palabras

Primeras líneas

El Diccionario de la Academia no contiene este vocablo; pero es uno de los propuestos por el último de los individuos del insigne cuerpo literario para la edición que está imprimiéndose. Por si la Academia no le acepta, conste que entiendo yo por

CERVANTISMO: La manía de los CERVANTISTAS; y por

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ensayo · crítica literaria · literatura española · Siglo de Oro · Miguel de Cervantes · Don Quijote de la Mancha · estudios cervantinos · historia literaria · tradición cultural · identidad nacional · humanismo · realismo

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