Explore "Tiempos recios" by Mario Vargas Llosa on Textopian. Read with annotations and highlights.
A las siete menos cuarto, Ricardo Bonachea León lo dejó en la puerta de la catedral. Comenzaba a oscurecer y las desvaídas luces de los faroles del Parque Central acababan de encenderse. Había poca gente bajo los altos mangos, los jacarandás y las palmeras; los lustrabotas y vendedores ambulantes de comida y baratijas empezaban a retirarse del lugar.
El dominicano pensó que nunca había entrado en la catedral de Guatemala y, como estaba abierta, decidió aprovechar el cuarto de hora que tenía para visitarla. Era enorme e impersonal, y más grande pero menos cálida y próxima que la de Ciudad Trujillo. Sus muchos altares estaban mejor iluminados que el Parque Central. En una capillita vio la reproducción del Cristo Negro de Esquipulas que, como no quisieron prestarle el original, el arzobispo Mariano Rossell y Arellano mandó hacer y paseó por todo el país en su cruzada anticomunista contra el gobierno de Árbenz. Era un gran tipo ese arzobispo, se había ganado con justicia la condecoración pública que le impuso el Presidente Castillo Armas. ¿Sería cierto que éste también declaró «General del Ejército de la Liberación Nacional» al Cristo Negro de Esquipulas y que lo vistieron para la ocasión con uniformes militares? En este país ocurrían muchas cosas raras.