Explore "El Evangelio de Nicodemo" by Pierre Crépon on Textopian. Read with annotations and highlights.
Y Jesús salió del pretorio, y los dos ladrones con él. Y, cuando hubo llegado al lugar que se llama Gólgota, los soldados le desnudaron de sus vestiduras y le ciñeron un lienzo, y pusieron sobre su cabeza una corona de espinas, y colocaron una caña en sus manos. Y crucificaron igualmente a los dos ladrones a sus lados, Dimas a su derecha y Gestas a su izquierda. Y Jesús dijo: «Padre, perdónalos y no les castigues, porque no saben lo que hacen». Y ellos se repartieron sus vestiduras. Y el pueblo estaba presente, y los príncipes, los ancianos y los jueces se burlaban de Jesús, diciendo: «Él ha salvado a otros, que se salve ahora a sí mismo. Y si es hijo de Dios, que descienda de la cruz». Y los soldados se mofaban de él y le ofrecían por bebida vinagre mezclado con hiel, diciendo: «Si eres el rey de los judíos, sálvate a ti mismo». Un soldado, llamado Longinos, tomando una lanza, le hirió en el costado, del cual salió sangre y agua.
Y el gobernador ordenó que, conforme a la acusación de los judíos, se inscribiese en una tablilla, en letras hebreas, griegas y latinas: «Éste es el rey de los judíos». Uno de los ladrones que estaban crucificados, llamado Gestas, le dijo: «Si eres el Cristo, libérate, así como a nosotros». Dimas le respondió, reprendiéndole: «¿No temes a Dios, tú que eres de aquellos en quienes ha recaído la condena? Nosotros recibimos el justo castigo por las faltas que hemos cometido, pero él no ha hecho ningún mal». Y, después de que hubo reprendido a su compañero, dijo a Jesús: «Señor, acuérdate de mí cuando estés en tu reino». Y Jesús le respondió: «En verdad, te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso».