El Evangelio de Nicodemo by Pierre Crépon — Read

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Era entonces como la hora sexta del día, y las tinieblas se extendieron sobre toda la tierra, hasta la hora de nona. El sol se oscureció, y el velo del templo se rasgó de arriba abajo en dos partes. Y, hacia la hora de nona, Jesús dio una gran voz y exclamó: «Elí, Elí, ¿lemá sabactani? », lo que significa «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? ». Y después dijo Jesús: «Padre mío, en tus manos encomiendo mi espíritu». Y, diciendo esto, expiró. El centurión, al ver lo que había pasado, glorificó a Dios, diciendo: «Este hombre era justo». Y todos los asistentes, turbados por lo que habían visto, se fueron de allí, golpeándose el pecho. Y el centurión contó al gobernador lo que había ocurrido, y el gobernador, al oírlo, fue sobrecogido por una gran aflicción, y ellos no comieron ni bebieron aquel día. Y Pilato, convocando a los judíos, les dijo: «¿Habéis visto lo que ha pasado? ». Y ellos respondieron al gobernador: «El sol se ha eclipsado de la manera habitual».

Y todos los que seguían a Jesús se mantenían alejados, así como las mujeres que le habían seguido desde Galilea. Y he aquí que un hombre llamado José, hombre justo y bondadoso, y que no había tomado parte en las acusaciones ni en las maldades de los judíos, y que era de Arimatea, ciudad de Judea, y que esperaba el reino de Dios, pidió a Pilato el cuerpo de Jesús. Y, bajándolo de la cruz, lo envolvió en un lienzo blanquísimo, y lo depositó en una tumba completamente nueva que había hecho construir para él mismo y en la cual nadie había sido sepultado hasta entonces.

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