El Evangelio de Nicodemo by Pierre Crépon — Read

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Cuando los príncipes de los sacerdotes y los otros sacerdotes y los levitas hubieron oído estas cosas, quedaron estupefactos y rodaron por tierra sobre sus rostros, como muertos. Y, vueltos en sí, exclamaron: «¿Qué maravilla es la que se ha manifestado en Jerusalén? Porque nosotros conocemos al padre y a la madre de Jesús». Un cierto levita dijo: «Sé que su padre y su madre eran personas temerosas de Dios, y que estaban siempre en el templo haciendo oración y ofreciendo hostias y holocaustos al Dios de Israel. Y, cuando Simeón, el Sumo Sacerdote, le recibió, dijo, cogiéndole en brazos: "Ahora, Señor, envía a tu siervo en paz, según tu palabra, porque mis ojos han visto al Salvador que has preparado para todos los pueblos, luz que ha de servir para la gloria de tu raza de Israel". Y aquel mismo Simeón bendijo también a María, madre de Jesús, y le dijo: "Yo te anuncio, con relación a este niño, que ha nacido para la ruina y para la resurrección de muchos y como signo de contradicción.

Y un puñal atravesará tu alma, hasta que los pensamientos de los corazones de muchos sean conocidos"». Entonces, los judíos dijeron: «Enviemos a buscar a esos tres hombres que aseguran haber visto a Jesús con sus discípulos en el monte de los Olivos». Y cuando así se hizo y fueron interrogados, ellos respondieron con voz unánime: «Por la vida del Señor, Dios de Israel, que hemos visto manifiestamente a Jesús con sus discípulos en el monte de los Olivos, y su ascensión al cielo». Entonces, Anás y Caifás los tomaron uno por uno y los interrogaron separadamente. Y, confesando unánimemente la verdad, dijeron que habían visto a Jesús. Y Anás y Caifás dijeron: «Nuestra ley prescribe que, en la boca de dos o tres testigos, toda palabra es válida. Pero sabemos que el bienaventurado Enoch, grato a Dios, fue transportado al cielo por la palabra de Él, y que la tumba del bienaventurado Moisés no ha sido encontrada, y que la muerte del profeta Elías no es conocida.

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