Sobre el fascismo by Antonio Gramsci — Read

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Los obreros conocen muy bien, por dolorosa experiencia, la institución capitalista de los "rompehuelgas". Los obreros tienen pocos medios de resistencia contra el poder del capital, pero incluso con estos medios escasos pueden afectar bastante profundamente la ganancia y obligar al capital a llegar a un acuerdo; el capital recurre a los rompehuelgas, sustituye a los ferroviarios, a los telegrafistas, a los electricistas, a los panaderos, a los obreros del gas, con elementos voluntarios, con su guardia blanca; trata de no dejar interrumpir la producción, de no desairar completamente a su clientela, de impedir que se dañen y se destruyan las condiciones generales de su ganancia.

Ahora ha nacido una institución "original": la de los rompedores de asambleas. Miles y miles de obreros se reúnen en asamblea en las plazas. Los obreros tienen pocas posibilidades de reunión. Tienen gran interés en utilizar completamente estas escasas posibilidades. La asamblea es para la clase obrera el medio más importante para adquirir una conciencia de clase; el capitalismo, a través de la producción industrial, trata de dividir a la clase en categorías, en grupos, en comunidades desligadas y dispersas: en las manifestaciones de masa, en mítines, la clase se reencuentra, el metalúrgico junto al albañil, el zapatero junto al carpintero, el mecánico junto al panadero, y siente su unidad en la vibración común por un mismo ideal, en la aceptación común de un mismo programa, de un mismo método de lucha. Pero no: el rompemítines no puede permitir que miles y miles de obreros afirmen en una asamblea la misma disciplina que demuestran en todas las manifestaciones de la lucha de clase, no puede permitir que con esta disciplina se creen las condiciones en las que solamente puede desarrollarse y ser útil mi mitin para la educación de la clase obrera. El rompemítines quiere que su insignificante persona, hinchada de viento palabrero y de vanidad, domine a los miles y miles de obreros, sea superior a las voluntades unidas de miles y miles de obreros: él priva así a la clase obrera de las escasas posibilidades de reunión de que dispone, no permite a la clase obrera llevar a cabo sus manifestaciones, demostrar su fuerza, adquirir una conciencia más clara de su voluntad colectiva. Si observáis bien, veréis que difícilmente el rompemítines es un obrero de fábrica, es un obrero industrial: casi siempre es un desclasado, un hombre de cien oficios, que revela en su inestabilidad física y. vocal la inestabilidad de su vida económica, de su vida de trabajo, que refleja en su cerebro y en sus ideas la incertidumbre y la confusión de las condiciones materiales de su vida. Por esto también el rompemítines afirma ser antiautoritario y antimarxista, porque Marx era "autoritario"; la verdad es que Marx previó este tipo de seudorrevolucionario y puso en guardia a la clase obrera contra sus métodos y su fraseología; porque Marx creía que la revolución no se hace con la garganta, sino con el cerebro, no se hace con la vana agitación física, con el bullir de la sangre en las venas, sino con la disciplina de la clase obrera que pone en la construcción de la sociedad comunista las mismas virtudes de trabajo metódico y ordenado que ha aprendido en la gran producción industrial.

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