Explore "Sobre el fascismo" by Antonio Gramsci on Textopian. Read with annotations and highlights.
En una entrevista con el corresponsal del Temps, Giolitti ha declarado solemnemente querer que el orden sea restablecido a toda costa. El gobierno ha convocado al general de los carabineros, al comandante de las guardias reales, al jefe del estado mayor y a todos los comandantes en jefe: se ha discutido, se tomarán medidas. ¿Con cuáles medios? ¿Dentro de cuáles límites? ¿Es posible que el gobierno, aun queriéndolo, pueda solucionar algo? A las circulares y a las convocatorias del gobierno se suman las órdenes, las proclamas, las excomuniones de las autoridades fascistas, también ellas seriamente preocupadas por el cariz que han tomado los acontecimientos y por las inevitables reacciones. Pero también estas autoridades, aunque muy "respetadas y temidas", no parece que logren obtener mucha obediencia de las jerarquías y las filas de sus seguidores. Así como no existe un Estado político, como no existe ya cohesión moral y disciplinaría en los organismos y entre los individuos que constituyen el aparato estatal, tampoco existe una cohesión y una disciplina en la "organización" fascista, en el Estado oficioso que dispone hoy a su gusto de la vida y los bienes de la nación italiana. Se ha hecho ya evidente que el fascismo sólo parcialmente puede ser considerado como fenómeno de clase, como movimiento de fuerzas políticas conscientes de un fin "real: el fascismo se ha desbordado, ha roto todo posible marco organizativo, es superior a la voluntad y a los propósitos de cualquier comité central o regional, se ha convertido en un desencadenamiento de fuerzas elementales irrefrenables en el sistema burgués de gobierno económico y político. El fascismo es el nombre de la profunda descomposición de la sociedad italiana, que no podía dejar de ir acompañada por la profunda descomposición del Estado y que, hoy, sólo puede ser explicado con referencia al bajo nivel de civilización que la nación italiana pudo alcanzar en estos sesenta años de administración unitaria.
El fascismo se ha presentado como el antipartido, ha abierto las puertas a todos los candidatos, con su promesa de impunidad ha permitido a una multitud informe cubrir con un barniz de idealismos políticos vagos y nebulosos el desbordamiento salvaje de las pasiones, de los odios, de los deseos. El fascismo se ha convertido así en un hecho habitual, se ha identificado con la psicología bárbara y antisocial de algunos estratos del pueblo italiano, aún no modificados por una tradición nueva, por la escuela, por la convivencia en un Estado bien ordenado y bien administrado. Para comprender toda la importancia de estas afirmaciones basta recordar: que Italia ocupaba el primer lugar en homicidios y crímenes, que Italia es el país donde las madres educan a sus hijos a golpes de tacón en la cabeza, es el país donde las generaciones jóvenes son menos respetadas y protegidas, que en algunas regiones de la Italia meridional parecía natural, hasta hace algunos años, poner bozales a los vendimiadores para que no se comiesen las uvas, que en algunas regiones los propietarios encerraban bajo llave en las cuadras a sus empleados al regreso del trabajo, para impedir las reuniones y la asistencia a la escuela nocturna.