Explore "El Danubio" by Claudio Magris on Textopian. Read with annotations and highlights.
Aquí nace el brazo principal del Danubio, dice aquella placa junto a la fuente del Breg. Pese a esta declaración lapidaria, el plurisecular debate sobre las fuentes del Danubio sigue todavía candente y es incluso responsable de animadas discusiones entre las ciudades de Furtwangen y Donaueschingen. Para complicar las cosas se ha añadido recientemente, además, la atrevida hipótesis sostenida por Amedeo, apreciado sedimentólogo y secreto historiógrafo de errores, según la cual el Danubio nace de un grifo. Sin pretender resumir la milenaria bibliografía sobre el tema, que va desde Hecateo, el predecesor de Herodoto, hasta los fascículos de la revista Merian en los quioscos, baste recordar las épocas para las cuales el Danubio tenía unas fuentes tan desconocidas como el Nilo, en cuyas aguas por otra parte se refleja y se confunde, si no in re, sí por lo menos in verbis, por las comparaciones y paralelismos entre los dos ríos, que se han sucedido durante siglos en los comentarios de los doctos.
Hacia esas fuentes se han dirigido las investigaciones y las conjeturas o las noticias de Herodoto, Estrabón, César, Plinio, Ptolomeo, el Pseudo-Skymnos, Séneca, Mela, Eratóstenes; se supone o se indica que las fuentes están en la Selva Ercinia, junto a los hiperbóreos, en Pirene, en el país de los celtas o de los escitas, en el monte Abnoba, en la tierra Hesperia, mientras otras hipótesis aluden a la bifurcación del río, a un brazo que desemboca en el Adriático y a divergentes descripciones de las bocas en el mar Negro. Si de la historia o del mito, que afirma que los Argonautas descendieron a lo largo del Danubio hasta el Adriático, pasamos a las eras prehistóricas, la identificación se tambalea y se pierde en lo gigantesco, en una fragorosa instalación de lo monstruoso en una geografía titánica: el Urdonau en el Oberland de Berna, con sus fuentes en el lugar de los actuales picos de la Jungfrau y del Eiger, el Danubio primordial al que afluían el Ur-Rhin, el Ur-Neckar y el Ur-Main, y que a mediados del Terciario, en el Eoceno, entre sesenta y veinte millones de años atrás, desembocaba más o menos donde hoy se encuentra Viena, en un golfo de Tetis, la madre oceánica originaria, en el mar sarmático que cubría toda la Europa sudoriental.