Explore "El Danubio" by Claudio Magris on Textopian. Read with annotations and highlights.
Ulm es una ciudad del idilio alemán, de la vieja Alemania sacro-romanaimperial. El Antiquarius la saluda como «primera capital a lo largo del Danubio» y como «Decus Suevia», ornato de Suabia; las crónicas exaltan su decoro burgués-patricio, el antiguo buen derecho de sus autonomías, su buena salud económica que, según un antiguo ripio, competía con la potencia de Venecia, Augsburgo, Núremberg y Estrasburgo.
Al citar estos versículos, el Antiquarius señala a pie de página que ahora se han convertido en un aviso de la caducidad, porque esas ciudades han perdido su gloria y languidecen en la decadencia, pero también él evoca la antigua riqueza de Ulm y sobre todo la independencia de sus corporaciones, los privilegios que tutelaban su autonomía respecto a la autoridad imperial, el Ius de non appellando y la selva de derechos, facultades, potestades, exenciones obtenidas a lo largo de los siglos por la libre ciudad imperial a expensas del imperio. Cuando el emperador Carlos IV sitió Ulm, en 1376, impidiendo a la población el acceso a la iglesia que se hallaba extramuros, los ciudadanos decidieron construir otra dentro de la ciudad y pusieron en 1377 la primera piedra de aquella catedral que, en 1890, se convertiría en la más alta del mundo. Las crónicas cuentan que el burgomaestre Ludwig Krafft, para demostrar la riqueza de Ulm, cubrió la primera piedra con cien florines de oro que extrajo de su bolsa, y fue imitado por los demás patricios, los cuales también arrojaron puñados de monedas de oro y de plata sobre la piedra, seguidos por los «ciudadanos honorables» y finalmente por el «pueblo llano».