Explore "El Danubio" by Claudio Magris on Textopian. Read with annotations and highlights.
Sé que tú amas la nada, y no por su valor, que es mínimo, sino porque se puede jugar con ella de forma expresiva y leve, como un gorrión ruidoso, y creo que un regalo te resulta más querido y bienvenido cuanto más se acerca a la nada. El regalo que Kepler envía, para el Año Nuevo de 1611, a su amigo y protector Johannes Matthäus Wackher von Mackenfels, es el pequeño tratado Strena seu De Nive Sexangula, que comienza con estas palabras y se pregunta por qué la nieve cae condensándose en pequeñísimas estrellas de seis puntas, jugando, durante la jocosa y rigurosa investigación, con el irónico espacio que oscila entre el mínimo y la nada. El opúsculo, que se remonta al período praguense del científico, se vende ahora en la entrada del Museo Kepler de Regensburg, que ocupa la casa donde murió, en 1630, y que también conserva, entre sus instrumentos y aparatos que construía para sus experimentos, la bota, a la que amaba tiernamente, con el modo de señalización que él había confeccionado para calcular exactamente en cada ocasión cuánto vino quedaba.
La literatura barroca abunda en Elogios y Glorias de la Nada, en agudezas intelectuales y poéticas fascinadas por la impensabilidad de su objeto, la Nada, más difícil de aprehender que todo lo que pueda serlo la eternidad de Dios, y por el deseo de desafiar o vencer esa imposibilidad conceptual. Kepler quiso explicarse la formación del cristal de nieve de seis puntas y al exponer las diferentes hipótesis, valoradas cuidadosamente y descartadas, realiza una serie de sustracciones y negaciones, se desliza por mínimos intersticios y dimensiones imperceptibles, hasta el punto de que el regalo que ofrece a su amigo corre el peligro de dispersarse como el agua del Coaspes, que los persas ofrecían a su rey llevándola en la palma de la mano.