Explore "Apocalipstick" by Carlos Monsiváis on Textopian. Read with annotations and highlights.
La vecindad, la institución hoy olvidada o relegada a la que suele valorarse desde el pintoresquismo ("En donde viví de niño había cada gente que no te imaginas"), ha sido un elemento clave en la definición de lo popular urbano. Otras "instituciones" de la etapa anterior a 1968 o 1970: la Calle, el Dancing, el Cine de Barrio, el Cabaret, la Fiesta de Quince Años, la Carpa (donde hacen su debut Cantinflas, Medel, Resortes, Pompín Iglesias), el Teatro de Revista, la Línea de Autobuses (la Peralvillo-Cozumel o la Zócalo-San Lázaro o la Peñapobre-Socialista), la Taquería, el Café de Chinos y, muy destacadamente, el Zócalo, el recinto de las masas cuando se sienten solas, y la Basílica de Guadalupe, a donde van las multitudes cuando se quieren sentir acompañadas.
En el siglo XIX la Vecindad ya figura en los grabados, las crónicas, los cuentos y las novelas que describen los ghettos lúgubres donde florecen el resentimiento y la promiscuidad. Ya para la década de 1930 la Vecindad es el tendedero donde cuelgan, digo es un decir, las emociones convencionales y no tanto, los secretos a voces y el intercambio de biografías que -clásicamente- elevan los lavaderos al rango de confesionarios o "divanes psicoanalíticos" que circulan con celeridad de látigos de feria, ya vueltos el inventario de lo que pasa cuando a ninguno de los allí reunidos se le ocurre ascender en la escala social.