Explore "Apocalipstick" by Carlos Monsiváis on Textopian. Read with annotations and highlights.
Dentro de unos minutos todos seremos criaturas del siglo pasado. Estamos a las puertas del año 2000, el arribo del Milenio según unos, la víspera según la exigua minoría respetuosa de las fechas y del 2001, el Milenio a secas de acuerdo con el convenio psicológico unánime. En pos de la llegada, la parte del planeta que los mexicanos llamamos el Zócalo, se cubre el 31 de diciembre de espejismos y quimeras. Así, a las seis o a las siete de la tarde, la movilización, ya importante, avisa del deseo de la experiencia única, de la ocasión irrepetible. La masa se divide en parejas, familias, círculos amistosos, iba a añadir solitarios pero en el fin de milenio un solitario resulta, se quiera o no, un ser disminuido en sus facultades escénicas, que se limita a desplegar su patetismo o su grandeza desconocida ante el público de una sola persona, él mismo.
El clima de espera (la "tensión animosa") en el Zócalo avisa de la seriedad del asunto. Hay consenso: es un día especialísimo, y de alguna manera todos aguardan (aguardamos, fuera máscaras) la sensación última, el paso esperanzado a otra dimensión del tiempo, ya no sagrada porque a la novedad la marca la fiebre del consumo y todo consumo es laico, así sea el de indulgencias, pero sí gloriosamente profana el abarcar en su convenio a seis mil millones de seres humanos. No, no se vivirá distinto, ni los cambios espirituales serán profundos, pero ya cada persona será habitante de dos siglos, y ésa es distinción irrefutable porque, con un mero salto cronológico, todos representaremos en un instante (televisado) el pasado y el porvenir de la especie. Si las predicciones para el 2000 no se cumplen y el gran derrotado es el milenarismo (el temor reverencial a las catástrofes invocadas por las fechas), el vencedor indiscutible será el gozo de ver el tiempo como un espectáculo de Las Vegas o un paseo nocturno por una megalópolis. Se transita de un siglo a otro y esa barrera se atraviesa confiadamente, como el paso a través del espejo de las profecías en remate.