Apocalipstick by Carlos Monsiváis — Read

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La economía informal o el auge posible en el circuito de las zozobras sucesivas. Los comerciantes ambulantes, locatarios de ese Mall fijo y móvil, mezclan el pasado y el porvenir, y se acomodan en las ruinas que fueron proyectos de modernidad. A su modo, tan al margen de ideologías ajenas al cacicazgo, el ambulantaje promueve las expropiaciones radicales y hace suyas las plazas, los altos en las esquinas, los vagones del Metro, cuando pueden las aceras que alguna vez fueron de los peatones, incluso el tiempo somnoliento o histérico de los embotellamientos. (Se insiste: la economía informal ocupa por lo menos cinco de cada diez de los trabajadores en México.) Y es tal la ubicuidad de los vendedores ambulantes (o semifijos) que se acerca el cumplimiento del vaticinio: en el futuro, al llegar cada persona a su domicilio y más si vive sola, lo primero que hará será indagar en el clóset, debajo de las camas, detrás de los sofás, donde sea, con tal de oponerse al vendaval de vendedores en la madrugada, el ruiderío de voces: ¡Llévese esta oferta de temporada! Por sólo diez pesos un CD con las canciones de moda, las canciones que se escuchan en todas partes.

Si se deja aparte la realidad (las leyes de la sobrevivencia) los liderazgos se hacen cargo de los informales, un equivalente logrado de la Corte de los Milagros del París medieval. Este término, conviene aclararlo, no alude clasistamente al aspecto de los ambulantes y a lo excepcional de su permanencia, sino a la intuición sagaz: el que nada tiene, algo compra, y los pobres se especializan en adquisiciones ocasionales y si viajan en Metro es porque aún no han tocado el fondo de la pobreza. Esta idea fundacional (es posible sacar dinero de las piedras o de los pobres) abre una puerta para exprimir los bolsillos vacíos, y lo que ocurre en los ámbitos de la pobreza pone de relieve no a los vendedores, sino a los compradores, que se desenvuelven al amparo de la certeza: ningún pobre adquiere de menos porque no depende del consumo (palabra ya ligada al exceso y al desperdicio), sino de la necesidad.

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