Explore "La gloria y el ensueño que forjó una patria, Tomo 2" by Paco Ignacio Taibo II on Textopian. Read with annotations and highlights.
En septiembre del 64 Escobedo se separó de Porfirio Díaz porque no le gustaba cómo se estaba conduciendo la campaña en el sur ni su general en jefe, porque intuía que la guerra iba a cobrar la forma de una larga resistencia guerrillera o porque simplemente extrañaba las planicies y los desiertos del norte. Díaz le pidió que informara a Juárez de la desesperada situación económica que estaba pasando su división, "la absoluta falta de recursos para seguir equipándola y socorriéndola".
¿Y Juárez? ¿Dónde estaba el Presidente? En el "norte". ¿Cuál de todos los nortes mexicanos? Encontrar a Juárez a como diera lugar, desterrado y derrotado, prófugo de la capital y perseguido, perdido en el otro confín del país. Mariano Escobedo, a caballo, en un viaje que consumió al animal llegó hasta el istmo de Tehuantepec evadiendo tropas sueltas de los traidores y patrullas de descubierta de los franceses. Sin encontrar una manera segura de hacer el viaje buscó la ruta de Chiapas, donde se encontró con las mismas. ¡Qué lejos estaba el norte! Prosiguió jornadas reventando caballos, ocultándose en carretas repletas de pencas de plátanos, fingiéndose viajero, cambiando disparos en la noche con postas de imperiales fantasmas. Al fin se encontró en Tabasco. Un mes transcurrido y apenas sus esfuerzos habían sido suficientes para burlar el cerco imperial del sur.