La gloria y el ensueño que forjó una patria,…

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El 10 de agosto Maximiliano sale de Chapultepec para visitar algunas ciudades del interior, acompañado de Schertzenlechner, del coronel Miguel López y abundantes criados, y escoltado por un batallón mexicano y otro de cazadores de África. Entre sus ocurrencias, registra Juan de Dios Peza, no se le ocurre otra cosa que mexicanizar su atuendo y su corbata usando una roja, en lugar de la verde de los conservadores. Tras pasar por Querétaro, Celaya y Salamanca, llega el 15 de septiembre a las dos de la tarde a Dolores Hidalgo; es alojado en la antigua casa de Mariano Abasolo. A las 11 de la noche Maximiliano, en la ventana de la pieza del estudio y despacho del cura Hidalgo, pronunció una arenga: "Mexicanos: más de medio siglo tempestuoso ha transcurrido desde que en esta humilde casa, del pecho de un humilde anciano, resonó la gran palabra de Independencia, que retumbó como un trueno del uno al otro océano por toda la extensión de Anáhuac". ¿Se ha vuelto loco?

El 16 de septiembre Zamacois cuenta: "Concluida la función religiosa, el emperador pasó con toda su comitiva a la casa del cura don Miguel Hidalgo y [. ] escribió, de su propia mano, en el libro mandado poner allí por don Benito Juárez para consignar los nombres de los que visitasen la cuna de la Independencia". Se realizó una comida oficial, de 70 cubiertos, a la que fueron invitados siete veteranos de la Independencia. Su brindis fue recibido por una salva de 101 cañonazos y la música de las bandas. Amnistió al guerrillero republicano Aniceto Guzmán. Ese día Max, al celebrar a Hidalgo, omite a Iturbide, causando la desesperación de sus consejeros.

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