Explore "Oficio de tinieblas" by Rosario Castellanos on Textopian. Read with annotations and highlights.
MARCELA GÓMEZ OSO fue una de las que lograron escapar. Con movimientos furtivos y rápidos, como de animal avezado a la persecución y al peligro, Marcela se deslizaba por las calles empedradas de Ciudad Real. Iba con su fardo a cuestas, en medio del arroyo, porque a las personas de su raza no les está permitido transitar en las aceras. Turbada por el gentío; aturdida por el lenguaje extraño que le golpeaba los oídos sin conmover su inteligencia, maravillada y torpe, avanzaba Marcela. No quiso escoger el rumbo del mercado sino que se desvió por caminos laterales. Barrios apacibles aquellos. Roza el silencio el pie desnudo del pobre; lo rasguña la espuela brillante del hacendado; lo quiebra el pesado casco de las bestias.
Marcela se asomaba a los zaguanes abiertos y, modulando con voz insegura y alta las únicas palabras españolas de las que era dueña, pregonaba su mercadería. De más allá de los patios florecidos, del interior de cámaras invisibles, llegaba la respuesta: un "no", impaciente o desganado, un rechazo impersonal y anónimo. A veces las sirvientas la introducían hasta sus dominios. Allí eran las bromas crueles, el regateo intolerable que Marcela entendía sólo a medias pero que la azoraba y la hacía temblar como un pájaro caído en el lazo. Cuando las criadas se aburrían del juego la dejaban partir.