Explore "No hay culpable" by Graham Greene on Textopian. Read with annotations and highlights.
Tripp tiene las piernas encima de la estufa y algunas empanadas de salchicha en el bolsillo, y está leyendo en voz alta a Newbolt, su poeta preferido, con una especie de murmullo infrahumano que es su método para leer poesía. «Juega en cuerpo y alma, juega el juego. los catedráticos en su tarima austera.» Una llamada a la puerta le sorprende. Abre y le sorprende aún más ver a su subagente imaginaria, la actriz de cine. El automóvil se le ha averiado fuera: ¿puede ayudarle? En la calle, dentro del automóvil, dos secuaces agazapados se preparan para golpear a Tripp en la cabeza. Un tercero -un alemán alto y estúpido, de aspecto sentimental y físico inmenso- vigila al fondo de la calle. Tripp contesta que no sabe una palabra de automóviles: si hubiera sido una máquina de coser.
Gloria Tripp se acerca por la calle. Es evidente que se ha extraviado. En ese momento su marido está explicando las características especiales de la máquina de coser Singer. Gloria Tripp tiene frío y se encuentra muy mal. Se apoya contra una valla y llora. Un poco más allá, en la misma calle, el alemán sentimental la observa. Titubea entre la compasión y el deber. Se aproxima despacio.