Explore "Noticias del Imperio" by Fernando del Paso on Textopian. Read with annotations and highlights.
«Humillarse, sí, lavando los pies de doce ancianos y doce ancianas, es bueno para un Emperador y para una Emperatriz, pero otra cosa es humillar al pueblo como lo nacían el Príncipe Starhemberg y sus cortesanos que se disfrazaban de mendigos y llevaban a su palacio docenas de campesinos para ridiculizarlos. Los vestían con los trajes de la corte, les ponían pelucas blanqueadas con polvos de haba y los hacían usar espadas con las que se tropezaban a cada paso. Y a uno de los príncipes Esterházy en una ceremonia pública le dio por arrancarse las perlas de los bordados de su casaca para arrojarlas a la multitud. En fin, que habría que perdonarles, creo yo, Blasio, esas extravagancias en recuerdo a los servicios que prestaron a la Corona Austríaca. Por ejemplo Starhemberg se distinguió por su brillante actuación militar contra los turcos, ¿lo sabías? Pero de todos modos yo digo: la dignidad ante todo. Por eso no me ofendí cuando en Huatusco el alcalde rechazó los mil pesos que quería yo regalarle al pueblo diciéndome que allí no había pobres. No, no me ofendí porque me gusta que el pueblo tenga dignidad».
Así le decía yo a Blasio cuando íbamos camino a Cuernavaca en el coche de seis mulas blancas como la nieve con jaeces azules que me construyó el Coronel Feliciano Rodríguez con una mesa y cajoncillos para el material de escribir, yo con una cobija escocesa en las piernas que Blasio casi nunca quería compartir porque es mucho menos friolento que yo, y él, mi buen Blasio, pendiente siempre de mis labios y con su lápiz-tinta en la mano.