Explore "El americano tranquilo" by Graham Greene on Textopian. Read with annotations and highlights.
Después de comer me senté a esperar a Pyle en mi habitación de la rue Catinat; me había dicho: «estaré contigo sobre las diez», y cuando dieron las campanadas de medianoche no pude contenerme más y bajé a la calle. Había muchas viejas con pantalones negros en cuclillas en el pasillo; era febrero, y supongo que hacía demasiado calor para que pudieran estar en la cama. Pasó un trishaw pedaleando despacio hacia el río, y se podían ver las luces encendidas donde habían desembarcado los nuevos aviones norteamericanos. No había ningún rastro de Pyle en toda la calle.
Desde luego, me dije a mí mismo, podría haberse detenido por alguna razón en la Legación Norteamericana, pero en ese caso seguramente me habría telefoneado al restaurante -era muy meticuloso con esas pequeñas cortesías. Me volví para entrar otra vez cuando vi que una chica esperaba en el zaguán de al lado. No pude verle la cara, sólo los pantalones de seda blancos y la larga túnica de flores, pero aun así la reconocí. Me había esperado tantas veces cuando volvía a casa en este mismo lugar y a esta hora.