Explore "Los muros de agua" by José Revueltas on Textopian. Read with annotations and highlights.
En un rincón de la barraca de mujeres, Soledad lloraba sin descanso. Los cabellos castaños le caían por encima de la frente inclinada, y parecía como si en lugar de lágrimas fuesen los propios cabellos los que brotaban de sus ojos. Las demás mujeres la veían con indiferencia, sin comprender su llanto, aunque no por ello les causaba menos molestia e irritación, pues Soledad tenía, en efecto, esa virtud: la de provocar coraje y todos los sentimientos contrarios a la pena o a la lástima. No era posible comprender que un corazón como el suyo fuese capaz de abrigar un gran dolor; se pensaba un poco en una cosa inanimada y como animal a la que podía golpearse y ofenderse sin consecuencias, sin un gemido. Por eso su llanto era indebido, chocante y daba cólera oírla, la misma rabia que da un remordimiento.
¿Y cuál podía ser el dolor de Soledad? Hay que imaginar la pena de cuando las cosas se quiebran sin remedio. Entonces el espíritu vaga sin consuelo, se quebranta, y la vida se torna de lágrimas, de ahogados gritos, de un sollozar sin límites.