Explore "La invención de América" by Edmundo O'Gorman on Textopian. Read with annotations and highlights.
En la Segunda Parte de este libro describimos el escenario cultural donde se desarrolló el drama que venimos reconstruyendo, y ahora hemos asistido a su primer acto. El escenario nos presenta una imagen estática y finita de un universo que, creado en perfección, está ya hecho y todo lo que hay en él existe de un modo inalterable. De un universo ajeno e irreductible, en el cual el hombre es huésped extraño, inquilino de una isla que no debiera existir, donde, prisionero, vive en eterna condición de siervo temeroso y agradecido. Pero he aquí que un hombre ha cruzado el Océano, hazaña cuyo sentido es, para la época, el de un viaje por el espacio cósmico. Afirma, es cierto, que, si bien desconocidas, las tierras que halló no son sino extremas regiones de esa misma isla que Dios, en su bondad, le asignó benévolo al género humano para su morada; ignorados aledaños, pues, de la misma cárcel. Bien, así debe ser. Pero ¿y si acaso no fuera así? ¿Si acaso esas tierras pertenecieran a otra isla, a uno de esos "otros orbes" de que hablaron los paganos? ¿Qué serán entonces sus pobladores, esos hijos del Océano cuyo origen no puede vincularse al padre común de los hombres, y que, en todo caso, por su aislamiento han quedado al margen de la Redención? Tal es la angustia implicada en la duda que suscitó el hallazgo, pero también la remota promesa de una posible brecha, de una escapatoria de la prisión milenaria. Mas, en tal caso, sería preciso alterar las nociones recibidas, concebir de otro modo la estructura del universo y la índole de su realidad, pensar de otro modo en las relaciones con el Creador, y despertar a la idea de que otro es el lugar del hombre en el cosmos, otro el papel que está llamado a desempeñar mas no el de siervo que un dogma rígido le ha enseñado a aceptar.
Insinuamos apenas, así, la tremenda crisis que, todavía lejana, se perfila ya, sin embargo, en el horizonte de la situación que planteó la escéptica actitud con que fueron recibidas las opiniones del almirante. Y así empezamos a caer en la cuenta no sólo de lo difícil que va a ser convencerse de lo contrario -y en esto estriba la gran fuerza de la tesis de Colón y el motivo de su apego a ella con tenacidad ejemplar hasta el día de su muerte-, sino del verdadero y más profundo sentido de esta historia de la invención de América que vamos contando. Porque en ella hemos de ver, como se verá, el primer episodio de la liberación del hombre de su antigua cárcel cósmica y de su multisecular servidumbre e impotencia o, si se prefiere, liberación de una arcaica manera de concebirse a sí mismo que ya había producido los frutos que estaba destinada a producir. No en balde, no casualmente, advino América al escenario como el país de la libertad y del futuro, y el hombre americano como el nuevo Adán de la cultura occidental.