Pueblo en vilo by Luis González y González

Explore "Pueblo en vilo" by Luis González y González on Textopian. Read with annotations and highlights.

Antes del fraccionamiento de la hacienda de Cojumatlán las diferencias entre unos vecinos y otros eran casi todas naturales. Se distinguían por el color de la piel, el sexo, la edad, la estatura, el vigor físico, la mayor o menor valentía, la inteligencia y otras cosas por el estilo. Una distinción de carácter social de suma importancia provenía del apellido. Dentro de un régimen patriarcal y patrilineal contaba mucho la pertenencia a cierto clan o familia grande. Por otra parte, casi todos hacían las mismas cosas y eran igualmente pobres. A partir de 1861, empiezan a perfilarse nuevos rasgos de distinción. Se acentúa la especialización en el trabajo. Irrumpen los que laboran y los que no, pastores y labradores, artesanos y algún comerciante. Hay quienes trabajan lo suyo y para sí, y quienes como medieros y aun como peones trabajan en ajeno y parcialmente para otros. Comienzan a surgir los especialistas y las clases sociales.

Considerábanse ricos los doce que sin dejar la vida en el pueblo usufructuaban la producción ranchera; se daban comodidades provenientes de sus ranchos trabajados por otros; obtenían recursos para sus ocios y negocios del esfuerzo de sus vaqueros, medieros y peones. Así don Manuel Arias, que acabó avecindándose en Guadalajara; don Francisco y don Rafael Arias, vecinos de Mazamitla; don Vicente Arregui, don Bartolo y don Pedro Zepeda, don Néstor y don Antonio Ramírez, instalados en Sahuayo; don Miguel Mora, que en 1867 compró el Nogal a Pedro Zepeda y lo administró desde su residencia en Pajacuarán, y don Rafael Quiroz y don José Guadalupe Sandoval, de Jiquilpan y Sahuayo.[22] Formaban la medianía 50 jefes de familia propietarios de fincas generalmente más pequeñas que las de los ricos, de un sitio o menos de extensión, que vivían en sus ranchos por lo menos durante el temporal de lluvias, y que vigilaban directamente el desarrollo de sus ganados y sementeras y que ahorraban a costa de su bienestar familiar. Situemos en el tercer grupo a los 300 jefes de familia restantes, que en su mayoría servían, hacia 1870, de medieros, artesanos, vaqueros y peones a los terratenientes ausentistas.

Reading navigation