Pueblo en vilo by Luis González y González

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En 1910, El País vino cargado de noticias. Como el presidente había dicho que el pueblo estaba preparado para la democracia, se constituyeron partidos políticos para contender en las próximas elecciones: el Democrático, el Antirreeleccionista, el Porfirista, el Científico y el Reyista. Cuatro de ellos concordaron en reelegir al general Díaz, y el más popular de todos propuso como candidatos a Francisco Madero y a su tocayo Vázquez Gómez para presidente y vicepresidente. Madero hizo su gira política; en Monterrey fue reducido a prisión. Hubo elecciones sin haberlas. Porfirio Díaz y Ramón Corral fueron declarados reelectos. Madero fue conducido a la cárcel de San Luis Potosí, de donde se fugó. Poco antes, el periódico había descrito el esplendor de las fiestas del Centenario en la capital de la República; poco después empezó a describir una serie de complots descubiertos, a narrar la defensa heroica de los Serdán en Puebla y a traer diversas noticias sobre levantamientos en el Norte.

También llegaron rumores interesantes de Zamora, la capital eclesiástica de San fosé. Desde un año antes había nuevo obispo. El señor Othón Núñez dispuso la celebración de actos religiosos para conmemorar el Centenario de la Independencia. Las autoridades civiles organizaron carreras de bicicletas, desfiles de escolares, recitaciones, discursos, banquetes para los niños pobres, carros alegóricos, serenatas, fuegos artificiales y noche mexicana. «Recorrieron las calles 300 jinetes encabezados por el prefecto; llevaban teas en las manos y a los acordes del himno nacional se vitoreaba a nuestros héroes».[1] De otros lugares también llegaron los «díceres» sobre las fiestas del Centenario y detrás de esos «díceres» vinieron las noticias sobre la Revolución. En todas partes eran maderistas, lo mismo las multitudes que la gente bien.

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