Pueblo en vilo by Luis González y González

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Entre 1918 y 1940, la acción de los gobiernos revolucionarios presididos por Venustiano Carranza, Álvaro Obregón, Plutarco Elías Calles, Emilio Portes Gil, Pascual Ortiz Rubio, Abelardo Rodríguez y Lázaro Cárdenas, se consagró a remover los obstáculos que se oponían a la práctica de los preceptos innovadores de la Constitución de 1917 y a sentar las bases de la reconstrucción nacional. Esas bases se llamaron reforma agraria, laboral, política, religiosa, educativa y artístico-filosófica. El general Obregón, por medio de su ministro José Vasconcelos, fue el promotor básico de la reforma en la educación, las letras, las artes y la filosofía. El general Calles quiso pasar a la historia como el apóstol de la reforma religiosa. El licenciado Portes Gil después y don Venustiano Carranza antes, suelen ser considerados los principales artífices de la renovación política. El general Cárdenas fue sin duda el máximo líder de las reformas agraria y laboral.

La reforma agraria y agrícola se propuso aumentar el número de propietarios, fomentar la propiedad comunal de la tierra, mejorar e incrementar la producción agrícola mediante la apertura de nuevas zonas de cultivo, la irrigación, el aprovechamiento de los productos tropicales, la mejoría de los instrumentos de labranza y el crédito para los agricultores. La reforma laboral se fijó como metas el tomar medidas protectoras para el obrero por medio de la organización de sindicatos y confederaciones de trabajadores; leyes obreristas como la Ley Federal del Trabajo, promulgada en 1931; campañas para preservar la salud y desterrar el vicio de la clase obrera, y ayuda oficial para la mejoría de la casa, el vestido y el sustento del elemento trabajador. Las políticas agraria y laborista se desarrollaron diversamente en las varias entidades federativas.[1]

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