Explore "Pueblo en vilo" by Luis González y González on Textopian. Read with annotations and highlights.
La reforma agraria produce agricultores. Mientras los vecinos de San José de Gracia ejercen la ganadería, la fabricación de queso, los menesteres artesanales, el comercio y, en menor escala, el cuidado de una milpa, los ejidatarios trabajan en verano y otoño en su yunta o mediayunta de sembradura. Según el informe del ingeniero Carlos Gómez del Campo, «como la topografía es en general accidentada [. ] los lomeríos sujetos a cultivo dan poca retribución [. ] y el trigo no prospera». En una hectárea de superficie se pueden sembrar, en promedio, 15 kilos de maíz y cosechar 700; 10 de frijol para obtener 200; 30 de garbanzo para percibir 600; 69 de cebada que darán 450, y 48 de trigo a fin de recoger 450. Lo que se siembra más es el maíz. Si bien va, los ejidatarios obtienen con la siembra principal del maíz y demás 550 pesos al año, para ni siquiera cubrir el diario normal de una familia campesina de seis miembros, tres adultos y tres niños: 42 centavos de maíz, 11 de frijol, 10 de manteca, cinco de chile, cinco de cebolla y jitomate, 12 de azúcar, 20 de carne, 24 de leche, 15 de arroz, cinco de petróleo, cinco de jabón y 10 de cigarrillos. Total, un peso setenta y cuatro centavos al día; 598 pesos al año, sin contar los 150 pesos que se gastan en ropa.[52]
Cuando pasa la temporada de labores, algunos ejidatarios, para completar el pan de cada día, ejercen, si las hay, diversas actividades lucrativas. Buscan contratarse como peones con los propietarios, venden el rastrojo de sus parcelas a los ganaderos, ayudan en la construcción del camino en el tramo de Jiquilpan a San José, llevan al mercado los árboles de su minifundio, hechos leña. Con todo, el trabajo en las secas es escaso. Los contratadores de jornaleros son generalmente los terratenientes enemigos de la reforma agraria, y prefieren repartir el poco trabajo entre personas ajenas al ejido. Por otra parte, en 1944, los máximos jornales son de peso y medio al día. En suma, los ejidatarios viven una vida de penuria que ellos aspiran a remediar mediante la petición de nuevos repartos de tierras. Ninguno aspira a volver a la condición anterior de peón o mediero. Quizá estén tan pobres como antes, pero son más libres y humanos, y no cesan de pedir más tierras.