Pueblo en vilo by Luis González y González

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El ir a trabajar como bracero a los Estados Unidos antes del término de la segunda Guerra Mundial fue muy poco frecuente en San José, pero desde 1945, pasado el temor de ser «enganchado» a la guerra, aumentó el número de emigrantes temporales. En el lustro 1946-1950 se fueron anualmente no menos de 60. A partir de 1951 la cifra se triplicó y se mantuvo alta hasta 1959. Hubo años en ese periodo que se contrataron más de 200 hombres, o sea 20% de los aptos para el trabajo; sin contar mujeres. Al terminarse la carretera quedó mucha gente parada y con la costumbre de ganar mejores sueldos que los ofrecidos en el terruño.

De la calidad de los emigrantes se puede decir todo esto: la gran mayoría no llegaba a los 40 años al momento de irse la primera vez. Al principio los más eran del pueblo, y después de las rancherías. En los comienzos se sintieron atraídos por la empresa jóvenes de la medianía y aun del grupo social más alto, pero con el tiempo los braceros pobres dominaron. No menos de la mitad tenían consorte e hijos. No hace falta decir del bajo nivel cultural de los emigrantes. Por supuesto que ignoraban el inglés a pesar de las clases que Héctor Ortiz les impartía en vísperas del éxodo. Pero lo admirable era que algunos no teman manos de trabajador, escamosas y ásperas, y para dar esa apariencia al ser contratados las metían en cal o se las maltrataban de varias maneras. Entre los que partieron fue alto el porcentaje de subocupados, pero no dejaron de asomarse a la gran aventura los trabajadores de tiempo completo.

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