Explore "Pueblo en vilo" by Luis González y González on Textopian. Read with annotations and highlights.
Los sujetos iniciadores del transtierro y la transculturación fueron los nacidos en 1905-1917. Nacieron y crecieron en un mundo de pistolas y carabinas, persecución, discordia, pobreza, injusticia, odio, temor y desconfianza. Vieron a su pueblo tres veces destruido y tres veces reedificado. Tuvieron una niñez, una adolescencia y una juventud calamitosas, y al llegar a la edad de hacerse oír e imponerse, emprenden para ellos y sus familias la conquista de la libertad y el bienestar propalado por la radio, el cine y las revistas que habían sido casi su única escuela. Deciden abandonar muchos de los viejos moldes. Echan de menos los servicios de la ciudad. Sienten que tienen más necesidades que sus antepasados. Se apodera de ellos el espíritu de empresa. Unos se van a la ciudad en busca de la nueva vida. Casi todos los que se quedan se enganchan como braceros para traer de los «Yunaites» el dinero necesario para la reforma. Se busca una existencia burguesa; arrancar del terruño más y mejores frutos que sus padres; emprender nuevos negocios, y a fin de cuentas conseguir confort, aparatos de bienestar, servicios, viajes. Ir a la ciudad o transformar al pueblo en ciudad. Muchos de los más dinámicos se van. Los de esa generación no sienten tanto amor al terruño, tienen menos espíritu comunitario que sus padres. «Mi tierra es donde me va bien», dicen. Son ferozmente individualistas; desconfían de todo y de todos. El padre Federico es el único capaz de hacerlos que cedan parte de las ganancias para obras de beneficio colectivo. Él logra a veces convencerlos de la obligación de derramar algo de lo que se obtiene. Por otra parte se dan casos de empresarios no exentos de solidaridad social que trabajan para sí y para el conjunto, exigentes consigo mismos y con los demás.
Bernardo González Cárdenas es uno de los mejores representantes de la generación empresarial. Nace en 1907. Contempla y padece la época del bandolerismo. Aunque hijo de uno de los hombres acomodados de la zona, las circunstancias en que crece no le permiten comodidad alguna. Toma parte en la rebelión cristera. Su Diario de cristero deja traslucir el poco entusiasmo que puso en esa lucha. Se olvida muchas veces de narrar los combates y cuando lo hace, prescinde de los aspectos heroicos. Se deleita en describir los momentos de bienestar que le permitió la guerra. Concluida la lucha vuelve a su pueblo con el afán de convertirse en hombre de negocios. Comienza por hacer velas, luego se convierte en cohetero. Cuando recibe la herencia paterna, consistente en terrenos y vacas, se transforma en un ranchero diferente de todos los conocidos en la región. Se provee de revistas que hablan de innovaciones técnicas aplicables al campo. No se pierde ninguna exposición agrícola-ganadera. Visita empresas que pueden servirle de modelo y toma cursos por correspondencia. Acumula conocimientos sobre quehaceres campesinos y se lanza a un negocio totalmente nuevo: la granja. Sobre la ladera pedregosa, sin agua, a las orillas del pueblo, perfora un par de pozos, saca el agua con molinos de viento, planta árboles frutales, construye gallineros, levanta zahúrdas, hace establos y bodegas, escarba una presa de 25000 metros cúbicos y erige una finca compacta, sin patio ni jardín interior. Todo lentamente, según la misma empresa se lo permite. Todo sujeto a una rigurosa contabilidad y conforme a técnicas eficaces. Llena la granja con vacunos de buena raza lechera, con cerdos seleccionados, con gallinas muy ponedoras. Los animales son alimentados con pastura y granos selectos. Para el desarrollo de las plantas esparce abono animal y químico. Introduce maquinaria ligera. En una trituradora, tallos y elotes tiernos del maíz, ramas de frijol con todo y ejotes son tratados especialmente para llenar los enormes silos que proveerán al ganado de alimento en el tiempo de secas. A lo largo de un quinquenio erige un negocio ejemplar sin paralelo en muchos kilómetros a la redonda. En poco tiempo su fortuna crece considerablemente a fuerza de actividad, técnica y perseverancia.