Pueblo en vilo by Luis González y González

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La introducción de los métodos de higiene individual, profilaxis social y terapéutica moderna empezó hace 30 años, pero se aceleró en la última década. Desde 1953 hubo médico de planta. Daniel Ruiz, pasante de medicina, oriundo de Chicago, salido de la universidad michoacana, desempeñó su servicio social en San José en 1951 y una vez que hubo recibido su título volvió al pueblo para quedarse en él y se dio a vencer a la curandería y a la milagrería, logró educar al público en el sentido de preferir los servicios de un facultativo a los de curanderos, se rodeó de aparatos requeridos por la medicina de hoy, y en 1965 inauguró un pequeño hospital, bien equipado, con laboratorio y farmacia adjuntos. Además, cada año ha ido a México a seguir cursos intensivos que lo mantengan al corriente de las novedades en medicina.

La gente, por su parte, empezó a deshacerse de las costumbres sanitarias de antaño: los cordones de San Blas para las enfermedades de la garganta, el bálsamo de Fierabante, el bálsamo magistral, los emplastos, los parches, los untos apestosos, las palmas benditas, la enjundia de gallina, las infusiones de mil yerbas, las tres lejías, las jaculatorias a San Jorge y la creencia de que la cáscara guarda al palo. Se construyeron letrinas en muchas casas que no las tenían. En lugar de los excusados de pozo, los adinerados hicieron más «excusados ingleses» y baños de regadera. Las estufas de gas entraron a las cocinas. Se les puso piso de piedra o de mosaico a muchas casas. Se tomó la providencia de hervir el agua que no era potable.

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