Explore "Ulises criollo" by José Vasconcelos on Textopian. Read with annotations and highlights.
No por preocupaciones de higiene, sino por el deseo de ser fuerte en la defensa personal y en la actividad cotidiana, me dediqué al ejercicio físico, como quien se administra medicina. En el Instituto nos daban clase de gimnasia con aparatos. El primer año se pasaba en sentadillas y flexiones de brazos, tendido el cuerpo boca abajo. De esto se pasaba a ejercicios de paralelas. Además, tenía enfrente la gran escuela atlética de los marineros que suben a puño por los cables o trepan escalas hasta la punta del mástil. Aprovechando las amistades de mi padre, solía meterme a las barcas ancladas para hacer ensayos más o menos torpes en las jarcias y aparejos. Pronto llegué a ser, en clase, de los que subían en escuadra el cable vertical del gimnasio. La existencia de vigas en cantidad en los bajos de la casa me dio la idea de un gimnasio privado. Invitando a dos condiscípulos comenzamos a desyerbar un segundo patio abandonado que correspondía a nuestra finca. En el trópico el desyerbe se hace a machete y cuesta sudor y aun encierra peligros por las víboras, los alacranes y escorpiones que es frecuente encontrar entre las piedras y las cercas. Limpiamos, pues, con precaución y escrupulosamente el suelo y la base de las bardas. En seguida, acarreando algas, proveíamos de colchón nuestro gimnasio a la intemperie. Dos vigas verticales y una atravesada dieron sostén a un trapecio y a un par de argollas.
Con frecuencia me ocurrió subir al trapecio a pulso, pero sólo para quedarme sentado leyendo un libro. A pesar de cuanto se dice en contra de la gimnasia de aparatos, debo a Campeche y a su gimnasio antebrazos, bíceps y hombros que me han durado toda la vida, no obstante largos periodos de completo abandono deportivo. Gracias a la anticuada pedagogía campechana pude más tarde compadecer a mis condiscípulos de la capital, condenados a una simulación de calistenia sueca, bostezando a compás de maestros que un día nos ponían esgrima, según la última noticia del Liceo Francés, y al día siguiente nos ejercitaban con clavas. El afán de estar a la última moda desorganizaba, anulaba todo esfuerzo sincero en cada una de las ramas de la enseñanza positivista.