Ulises criollo by José Vasconcelos — Read

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La gran necesidad de afecto del joven que vive aislado, complicándose con los deseos eróticos de la adolescencia, conduce inevitablemente a enamoramientos disparatados; súbitos ataques de epilepsia espiritual. Hay quien los evita intoxicando la fantasía con juegos de pasatiempo como las damas y el dominó. Por ejemplo: el médico nato, Olvera, se pasaba las tardes del domingo entregado a las complicaciones del ajedrez. Yo he detestado siempre los juegos. Veo en ellos la más tonta manera de usar el más precioso tesoro de cada existencia, su tiempo, limitado, contado y que, por lo mismo, es necesario exprimir, aprovechar, gozar, en último caso sufrir, pero nunca, jamás, desperdiciar. Alarmado, pues, del tiempo que corría inútil como si una vena de la propia sangre corriese perdiéndose, arrastrándonos al vacío del no ser, me angustiaba de las horas sin empleo valioso. Ensayaba escribir; pero apenas traducía mi pensamiento en signos, las ideas perdían toda su profundidad; lo escrito me desencantaba, me irritaba como una traición a mi esencia singularmente valiosa. La charla con los amigos se hacía aburrida. Cada uno en la discusión buscaba exhibirse. A mí la discusión me exaltaba, me llevaba a proferir enormidades que luego el amor propio impedía rectificar. A veces sentía que un torrente de luz me inundaba el alma. Era como la evidencia de mi destino, manifestada en júbilo soberano. De un extremo a otro de la habitación caminaba como con alas en los pies. Mis potencias y mi ser, y aun mis células orgánicas, se bañaban del esplendor inesperado y se aprestaban a la cita. Todo lo que me componía y constituía se alzaba fulgurando, listo para la elección escondida en la entraña del tiempo, desde antes de mi nacimiento y de mi formación.

Cuando ya la soledad me tenía así, transido de sus visiones, saltaba a la habitación donde los compañeros jugaban cartas, fumaban. «Vamos a algún lado, muchacho», proponía alguien. Se levantaban dos o tres, a veces todos juntos nos íbamos por el barrio, por frente a la novia de alguno o por los sitios de diversión que puede frecuentar el estudiante.

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