Por quién doblan las campanas

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YA ESTABAN TODOS en la cueva; los hombres, de pie delante del hogar; María, atizando el fuego. Pilar tenía el café listo en la cafetera. No había vuelto a acostarse después de haber despertado a Robert Jordan, y estaba sentada en un taburete en medio del ambiente saturado de humo, cosiendo el rasgón de una de las mochilas de Jordan. La otra mochila estaba ya repasada. El fuego iluminaba su cara.

-Come un poco más de cocido -le dijo a Fernando. ¿Qué importa que tengas la barriga llena? No habrá médico para operarte si te coge el toro.

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