Explore "El pez en el agua" by Mario Vargas Llosa on Textopian. Read with annotations and highlights.
Pasé el verano de 1953 encerrado en el departamento de los abuelos, en la quinta blanca de la calle Porta, estudiando para el ingreso a San Marcos, escribiendo una obra de teatro (ocurría en una isla desierta, con tormentas), y haciéndole poemas a una vecinita, Madeleine, cuya mamá, una francesa, era propietaria de la quinta. Fue otro romance a medias, pero, éste, no por mi timidez sino por la severísima vigilancia que ejercía la madre sobre la blonda Madeleine. (Casi treinta años después, una noche, al entrar al teatro Marsano de Lima, donde se estrenaba una obra mía, me cerró el paso una guapa señora a quien no reconocí. Con una sonrisa indefinible me alcanzó uno de aquellos poemas de amor, cuyo primer verso, el único que osé leer, me encendió como una antorcha).
Dimos el examen para el ingreso a Letras en una de las viejas casas que San Marcos tenía desperdigadas por el centro de Lima, en la calle de Padre Jerónimo, donde funcionaba un fantasmagórico Instituto de Geografía. Desde ese día hice amistad con Lea Barba y Rafael Merino, postulantes como yo y que tenían, también, pasión por la lectura. Rafo había estado en la Escuela de Policía, antes de decidirse por el Derecho. Lea era hija de uno de los dueños del Negro-Negro, descendientes de un líder anarcosindicalista de las célebres batallas obreras en los años veinte. Entre examen y examen, y en la espera de días y semanas para que nos llamaran al oral, con Rafo y con Lea hablábamos de literatura y de política, y yo me sentía recompensado por compartir con gente de mi edad esas inquietudes. Lea hablaba con tal entusiasmo de César Vallejo, de quien sabía poemas de memoria, que me puse a leerlo con detenimiento, haciendo lo posible porque me gustara al menos tanto como Neruda, a quien leía desde el colegio con asidua admiración.