La gloria y el ensueño que forjó una patria,…

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Cuando los generales confederados Smith y John Magruder, que estaban en la frontera de Texas, supieron la rendición de Lee y la toma de Richmond, declararon que invadirían México con los últimos restos del ejército sureño (40 o 50 mil hombres), arrojarían a los franceses y sostendrían el trono de Maximiliano, quien les había ofrecido ventajosos contratos de colonización. Era básicamente una bravata, pero a más de uno debió de haber preocupado severamente.

Carvajal desde Nueva York le escribió a Grant (que en seguida le mostró la carta a Matías Romero, que inmediatamente notificó a Juárez) diciendo que como gobernador de Tamaulipas, no tendría embarazo en que las fuerzas de los Estados Unidos entrasen a perseguirlos. Romero comentaba: "Aunque yo estoy de acuerdo con esa idea y creo que el Supremo Gobierno no la desaprobará". A Juárez no le debió de haber hecho ninguna gracia. Pero Smith y Magruder se rindieron con su ejército en Galveston el 2 de junio de 1865. Magruder huyó a México. Según John N. Edwards "Era un soldado por nacimiento. Combatiría todo el día y bailaría toda la noche. Escribió canciones de amor y las cantaba y ganó con ellas a una incomparable rica heredera. Ceceaba y media 1.85 y se decía que era el soldado más atractivo de la Confederación". En México entró al servicio del emperador como mayor general en el Ejército Imperial Mexicano.

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