La gloria y el ensueño que forjó una patria,…

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Y Riva Palacio ataca Morelia sin saber que sus amigos han muerto, y marcha a Tacámbaro, y no queda nadie, porque hasta el joven Solano ha muerto de fiebres y su guerrilla se ha desbandado, y vuelta a empezar. Quince veces ha desaparecido consumido en la derrota el Ejército del Centro, 16 veces ha reaparecido. Y dos meses más tarde, mientras contempla a sus rehechas huestes, va repasando sus historias. No son, como lo fueron desconocidos, anónimos. Aquel estuvo en el primer cerco de Zitácuaro, el otro era hombre de la chinaca del difunto Nicolás Romero y por eso trae la cinta roja en el hombro. Aquel estuvo en la victoria del Tulillo y luego en 20 derrotas no menos honrosas. Aquel tiene la lanza mocha y se llama Servando, alias el Pájaro, y combatió con el muerto Robredo en Tacámbaro. El piquete de infantería que está allá es gente de la Guardia Nacional de Zitácuaro, desde la época del tímido Crescencio Morales, y aquel que se rasca la barba lleno de orgullo es el invencible Acevedo y el de más allá que caracolea su caballo es Carlos Castillo, lleno de prisa como siempre, aunque no haya de irse a ningún lado. De todas las derrotas vienen, de todas las terquedades.

El 22 de octubre de 1865 una junta de jefes en Tacámbaro nombró jefe del Ejército del Centro a Vicente Riva Palacio. Aceptó salvo decisión final presidencial y se lo comunicó a Juárez. En dos meses levantaría un ejército de 4 mil desarrapados. Los prisioneros belgas, que estaban bajo su responsabilidad, protestaron contra el fusilamiento de Arteaga y Salazar. Temiendo que causara represalias, firmaron protestas contra el imperio, rehusaron volver a combatir en su favor y afirmaron "hemos sido forzados a combatir contra principios idénticos a los nuestros" y "no deseamos tomar parte en esta guerra injusta".

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