Stalin by Leon Trotsky — Read

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De acuerdo con nuestras conjeturas, Koba no se unió a los bolcheviques hasta algún tiempo después de la Conferencia de noviembre, celebrada en Tiflis. Aquella Conferencia acordó tomar parte activa en los preparativos, ya en curso, de un nuevo Congreso del Partido obrero socialdemócrata. Sin objeción alguna aceptamos la simple aserción de Beria según la cual Koba había salido de Bakú en diciembre en viaje de propaganda en favor de dicho Congreso. Esto no es improbable. Era evidente para todos que el Partido estaba escindido en dos. Por aquel tiempo, la fracción bolchevique había adquirido tal fuerza, que desde el punto de vista de organización era superior a la menchevique. Forzado a elegir entre ambas, verosímilmente Koba se decidió por la primera. Pero nos veríamos en dificultades para probar de modo positivo que Koba era ya miembro de la facción bolchevique a fines de 1904. Beria llega al extremo de exhibir varias citas de octavillas publicadas por aquellos días, pero no se atreve a afirmar que Koba escribiera ninguna de ellas. Esa tímida reticencia respecto a la paternidad de tales octavillas es más elocuente que las palabras. Los pasajes que Beria reproduce de prospectos escritos por otros que no son Koba, sirven, naturalmente, al propósito explícito de llenar una laguna en la biografía de Stalin.

Entretanto, las diferencias de opinión entre mencheviques y bolcheviques pasaron del terreno de los Estatutos del Partido al dominio de la estrategia revolucionaria. La campaña de banquetes emprendida por trabajadores del zemstvo9 y otros liberales, intensificada durante el otoño de 1904, en parte porque las aturdidas autoridades zaristas eran demasiado negligentes para intervenir en ello, planteó resueltamente la cuestión de las relaciones entre la socialdemocracia y la burguesía de oposición. El plan menchevique abogaba por una tentativa para transformar a los obreros en un coro democrático corno pedestal de solistas liberales, un coro suficientemente considerado y circunspecto, no sólo para «abstenerse de asustar» a los liberales, sino más aún, para reforzar la fe de los liberales en ellos mismos. Lenin acometió en el acto su ofensiva. Ridiculizó la mera idea de semejante plan, esto es, la idea de prestar un apoyo diplomático a una oposición impotente, abandonando la lucha revolucionaria contra el zarismo. La victoria de la revolución sólo puede asegurarse por la presión de las masas. Sólo un atrevido programa social puede levantar a las masas por la acción; y precisamente eso es lo que temen los liberales. «Hubiéramos sido unos locos preocupándonos de sus temores.» Un pequeño folleto de Lenin, que apareció en noviembre de 1904, templó los ánimos de sus camaradas y tuvo gran influencia en el desarrollo de las ideas tácticas del bolchevismo. ¿No sería este folleto el que decidió la conversión de Koba? No nos atrevemos a contestar afirmativamente. En años posteriores, siempre que tuvo ocasión de situarse por su cuenta con relación a los liberales, invariablemente se ha inclinado hacia la noción menchevique de la importancia de «abstenerse de asustar» a los liberales. (Así lo prueban las revoluciones de Rusia en 1917, de China, de España y dondequiera.) No es de excluir la posibilidad, sin embargo, de que en vísperas de la primera revolución, el plebeyo demócrata pareciese estar sinceramente indignado con el plan oportunista, que despertó gran descontento aun entre las masas mencheviques. Debe decirse que, en conjunto, entre los intelectuales radicales no había tenido tiempo de extinguirse la tradición de mantener una actitud desdeñosa hacia el liberalismo. Pero también es posible que sólo el domingo sangriento10 de San Petersburgo y la oleada de huelgas que barrió el país en su estela pudiese haber movido al cauto y suspicaz caucásico a sumarse al bolchevismo.

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