Lenin by Leon Trotsky — Read

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Intelectual de cepa plebeya, Ilya Nikolaievich ingresó en las filas de la burocracia pero no se dejó absorber por ella. Los niños no tuvieron ninguna ligazón con el ambiente burocrático: su profesión se transformó en la lucha revolucionaria. Antes de desarrollarse -hacia finales del siglo- en un movimiento de masas, el empuje emancipador había enriquecido a la historia, en el transcurso de las primeras décadas, con experiencias de laboratorio. No podría comprenderse la suerte de la familia Ulianov sin haber aprehendido la lógica particular del movimiento revolucionario de la intelligentsia rusa y, al mismo tiempo, la lógica de su derrota.

En el curso de uno de los famosos procesos políticos de los años ‘70, conocido como «el proceso de los 193», el acusado principal desarrolló el pensamiento de que, después de la reforma del régimen agrario, se había constituido -por fuera de la propia clase campesina- «toda una fracción. lista para responder al llamado del pueblo, que sirvió de núcleo al partido socialrevolucionario. Esta fracción es el proletariado intelectual». Con tales términos Hipólito Mychkin describe el fenómeno con exactitud, si bien no lo aprecia en su justa naturaleza. La sociedad fundada sobre la servidumbre se descomponía más rápidamente de lo que se formaba la sociedad burguesa. La intelligentsia, producto de la disgregación de las viejas castas, no encontraba suficientes ofertas de empleo ni carrera para ejercer su influencia política Rompía con la nobleza, la burocracia y el clero, con sus costumbres atrasadas y sus tradiciones esclavistas. Pero no se acercaba a la burguesía, aún demasiado primitiva y grosera. Se sentía socialmente independiente y a la vez ahogada por el torniquete del zarismo. De esta manera, el terreno que alimentaba las ideas revolucionarias luego de la abolición de la servidumbre, fue casi exclusivamente la intelligentsia, con más propiedad, su joven generación, los elementos más pobres de la juventud de las escuelas, estudiantes, seminaristas, gimnasistas, quienes en su mayoría, por sus condiciones de vida, no se elevaban por sobre el proletariado sino que estaban a menudo por debajo de él. El Estado necesitaba intelectuales y, a pesar suyo, los formaba en sus escuelas. Ahora bien, la intelligentsia necesitaba un cambio de régimen y se convertía en enemiga del Estado. La vida política del país llegó a ser por mucho tiempo, un duelo entre la intelligentsia y la policía, sin que participen en él las clases fundamentales de la sociedad. Con sarcasmo, pero no sin razón, señalaba el fiscal general en el proceso Mychkin que «el ambiente más evolucionado», es decir, las clases poseedoras y la generación mayor de la intelligentsia misma, como también los ambientes «sin instrucción», es decir, las masas populares, eran por igual inaccesibles a la propaganda revolucionaria. En tales condiciones, la única salida previsible era un conflicto. Pero como la lucha le era impuesta al «proletariado intelectual» debido a su situación, ésta exigía grandes ilusiones.

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