Explore "Lenin" by Leon Trotsky on Textopian. Read with annotations and highlights.
El régimen de Alejandro III alcanzaba su apogeo. La ley sobre los jefes de los zemstvos, promulgada en 1889, restablecía en las localidades el poder administrativo y judicial de la nobleza sobre los campesinos. Lo mismo que los propietarios nobles antes de la reforma, los nuevos jefes gozaban ahora del derecho de someter al mujik, a su antojo, no sólo con arrestos sino también a los bastonazos. La contrarreforma de los zemstvos en 1890 entregaba definitivamente la administración autónoma de las localidades a la nobleza. A decir verdad, ya el estatuto de los zemstvos, de 1864, aseguraba suficientemente el dominio de los propietarios nobles sobre las administraciones autónomas mediante el censo agrario. Pero como la tierra se escapaba de manos de la clase noble era necesario fortalecer el censo de la propiedad con el censo de la casta. La burocracia adquiría una fuerza que no poseyó más que en tiempos del abuelo Nicolás el Garrote, de santa memoria. La propaganda revolucionaria, cada vez más escasa, se castigaba actualmente, a decir verdad, con menos rigor que en la época del «Zar Emancipador»: comúnmente con algunos años de prisión o deportación; los trabajos forzados y la horca quedaban reservados para los terroristas. En contrapartida, se escogieron para la deportación localidades singularmente malsanas. Los feroces tratos aplicados a los revolucionarios detenidos por los más mínimos actos de protesta merecían la aprobación personal del zar. En marzo de 1889, treinta y cinco deportados que se habían encerrado en una de las casas de Iakutsk, sufrieron un fusilamiento en masa: hubo seis muertos, nueve heridos y tres ejecuciones; los demás fueron enviados a la prisión. En noviembre del mismo año una presidiaría, Siguida, condenada a cien latigazos por haber insultado a un jefe de la prisión, murió al día siguiente del suplicio; treinta condenados a trabajos forzados, en protesta, se envenenaron; cinco murieron de inmediato. Pero la disgregación de los círculos revolucionarios, ahogados en un océano de indiferencia, había llegado a ser tan grande que la represión sangrienta, no sólo no provocó una activa resistencia, sino que incluso fue ignorada por mucho tiempo. Por ejemplo, es dudoso que el rumor de los trágicos acontecimientos ocurridos en Iakustsk y en el Kara haya llegado a Vladimir Ulianov antes -como muy rápido- de un año después, y él vivía por ese tiempo en Samara.
Después del aplastamiento de las universidades, el estado de ánimo revolucionario de la juventud estudiantil descendió a su punto más bajo. No se efectuó ni una sola tentativa para responder con el terrorismo a la violencia gubernamental. El acontecimiento del 1.o de marzo de 1887 fue la última convulsión del período de la Narodnaia Volia. «La valentía de individuos tales como Ulianov y sus camaradas -escribía Plejanov en el extranjero- evoca en mí la virilidad de los antiguos estoicos. Su muerte prematura no podía sino señalar la impotencia y la caducidad de la sociedad que los rodeaba. Su valor era el de la desesperación».