Explore "Lenin" by Leon Trotsky on Textopian. Read with annotations and highlights.
El verano de 1891 fue muy cálido y trajo la sequía. El sol abrasó los campos sembrados de trigo y los prados en veinte provincias que contaban con una población de treinta millones de almas. Cuando Vladimir regresó, después de los exámenes de otoño, la provincia de Samara, más afectada que las otras, estaba atormentada por el hambre. A decir verdad, toda la historia de la Rusia campesina es la historia de penurias periódicas e inmensas epidemias. Pero el hambre de 1891-92 fue excepcional, no sólo por su extensión sino además por la influencia que ejerció en la evolución política de la sociedad. Más tarde, mirando hacia atrás, los reaccionarios evocaban enternecidos la inconmovible solidez del régimen durante el reinado de Alejandro III, el que con su pesada mano era capaz de partir una herradura, y culpaban de las conmociones ulteriores al débil Nicolás II. En realidad, los tres años del reinado del «padre inolvidable» ya señalaban el comienzo de una nueva época, la que preparó directamente la Revolución de 1905.
El peligro vino del mismo lugar en el que la fuerza tomaba su fuente: en la aldea. Las condiciones de vida de la gran masa campesina, en los treinta años transcurridos desde la abolición de la servidumbre, había empeorado mucho. En la provincia de Samara, rica en tierras, más del 40% de los campesinos poseían lotes improductivos. La tierra agotada y mal trabajada quedaba expuesta a la acción de todos los elementos hostiles. El acelerado desarrollo de la industria conjuntamente con el restablecimiento de un régimen semiservil en el campo provocó, al mismo tiempo que una rápida intensificación de la explotación por los kulaks, un espantoso empobrecimiento de las masas campesinas. Se construían fábricas y vías férreas, se equilibró el presupuesto, el oro se apilaba en los sótanos del Banco del Estado, la potencia aparente parecía inquebrantable. Cuando de repente, inmediatamente después de tales éxitos, el mujik se tiró al piso y se puso a gemir con la agonizante voz del hambriento.