Explore "Lenin" by Leon Trotsky on Textopian. Read with annotations and highlights.
Las numerosas humillaciones que infligiera a los adversarios y posteriormente a categorías sociales enteras, incitaron a muchos escritores -tanto periodistas como literatos- a representar a Lenin, desde su juventud, como un monstruo rojo, completamente imbuido de crueldad, vanidad y espíritu vengativo. Eugene Chirikov, que fuera expulsado de la Universidad de Kazan al mismo tiempo que Ulianov, atribuye al joven Vladimir, en una novela escrita después de la Revolución de Octubre, en la emigración blanca, «un amor propio enfermizo y una gran susceptibilidad». Vodovosov cuenta lo siguiente: «Las impertinencias y los gestos destemplados de Vladimir, sus observaciones groseras y brutales, etc. -que abundaban-, mortificaban vivamente a María Alexandrovna. Con frecuencia se le escapaba ‘¡Ah, Volodia, Volodia! ¿Eso está bien? '» En realidad, Vladimir tenía una conciencia demasiado clara de su propio valor como para sucumbir a un amor propio enfermizo. Carecía de motivos para mostrarse receloso por la sencilla razón de que no había candidatos para hacerle sombra. Pero está fuera de dudas que la intratable rudeza de Vladimir no siempre respetaba el amor propio ajeno. Algunos adversarios, según Iasneva, «comenzaban a considerarlo con animosidad desde el primer encuentro» y de tal modo, que esa animosidad no se apaciguó en todo el curso de su vida.
Entre los que fueron heridos para siempre hay que contar al difunto Vodovosov. Cuando llegó a Samara, Vladimir le dispensó un caluroso recibimiento y lo ayudó a instalarse, pero muy pronto descubrió en él al estéril diletante a quien no podía conquistarse en calidad de partidario ni tomar en serio como adversario. Los choques a propósito de la ayuda de los hambrientos y del mensaje al gobernador dejaron sus huellas: el resentimiento de Vodovosov contra el joven Ulianov nos vale varias páginas de recuerdos en que el autor, en provecho de los lectores, nos dice de aquél más de lo que quisiera.