Explore "Cómo hicimos la Revolución Rusa" by Leon Trotsky on Textopian. Read with annotations and highlights.
Como resultado de la manifestación popular revolucionaria, parecía inevitable una crisis gubernamental. Pero la impresión que produjo la manifestación fue borrada por las noticias que llegaban del frente anunciando la ofensiva del ejército revolucionario. El mismo día en que los obreros y la guarnición de Petrogrado exigían la publicación de los tratados secretos y una oferta de paz, pública también, Kerensky[49] lanzaba las tropas revolucionarias contra el enemigo. El hecho no era una coincidencia fortuita. Todo se había arreglado previamente, y el momento de la ofensiva no fue escogido por razones militares sino políticas. El 2 de julio hubo en Petrogrado una serie de supuestas manifestaciones patrióticas. La avenida Nevski, arteria principal del barrio burgués, estaba llena de grupos animadísimos, entre los que predominaban oficiales, periodistas y damas elegantes, cuya actividad consistía en una tenaz propaganda contra los bolcheviques.
Las primeras noticias de la ofensiva fueron favorables, y los periódicos más importantes de la burguesía liberal declaraban unánimemente que se había alcanzado el objetivo supremo, pues el golpe descargado el día 1.º, fueran cuales fueran sus consecuencias militares, sería en todo caso decisivo para impedir nuevos progresos revolucionarios. Se restablecería la antigua disciplina en el ejército y se robustecería la posición dominante de la burguesía liberal en todo el país. Nosotros, por nuestra parte, hacíamos otras previsiones. En una declaración especial que leímos en el primer Congreso de los Soviets, pocos días antes de la ofensiva, habíamos dicho que ésta destruiría inevitablemente la cohesión interna del ejército, que surgirían dentro del mismo grupos divididos por una profunda hostilidad y que cobrarían una enorme preponderancia los elementos contrarrevolucionarios, puesto que para restaurar la disciplina en un ejército desorganizado no era posible apelar sino a uno de dos medios: nuevos ideales o los procedimientos de la represión brutal. En otras palabras, predijimos en esa declaración todas las consecuencias que más tarde se llamaron kornilovismo[50]. Para nosotros, era indudable que la revolución peligraba, ya sea en el caso de un buen éxito de la ofensiva -éxito en el que no creíamos-, o en el de un fracaso, que nos parecía casi del todo inevitable. La victoria habría tenido por efecto reunir a la clase media baja con la superior para la realización de aspiraciones patrioteras, y el aislamiento consiguiente del proletariado revolucionario, en tanto que la derrota podría conducir a una disolución completa del ejército, a una retirada caótica, a la pérdida de mayor número de provincias y al desengaño y desesperación del pueblo.