Historia de las izquierdas en España (1789-2022)

Explore "Historia de las izquierdas en España (1789-2022)" by Juan Sisinio Pérez Garzón on Textopian. Read with annotations and highlights.

Se había votado una República cuya definición y organización sería tarea de una Asamblea constituyente. Incluso dentro del Partido Republicano Federal, no había un proyecto unívoco, porque había distintos contenidos bajo el mismo epígrafe federal. De hecho, la República llegó gracias a los votos de diputados que no habían sido republicanos hasta ese momento, como los radicales liderados por Ruiz Zorrilla. Es necesario insistir, por tanto, en las zonas fronterizas que existían en la cultura política liberal del Partido Progresista, del que se había escindido Ruiz Zorrilla con el sector radical abierto a una cultura democrática compatible con las demandas sociales de los republicanos. En suma, desde 1868 estaban gobernando los partidos progresista, radical y demócrata, dirigidos por clases medias, en los que destacaban los profesionales liberales, y que habían desplegado metas de modernización política en derechos y libertades jurídicas. Sin embargo, al proclamarse la República e integrar en sus gobiernos a los federales, estos exigieron medidas de emancipación social. La República albergó, por tanto, proyectos contrapuestos. Para los sectores campesinos significaba el reparto de la propiedad, o al menos replantear la estructura de la riqueza agrícola. Para un amplio abanico de menestrales, pequeños comerciantes, empleados y obreros suponía el derecho al trabajo y menores cargas contributivas. Además, una minoría del federalismo más los internacionalistas pensaron que era la ocasión para implantar utopías sociales de fraternidad ciudadana de personas y pueblos solo con la fórmula de organizar el poder desde abajo. A estas discordancias se sumó la persistente táctica de la insurrección popular como medio para luchar contra las injusticias.

Por otra parte, tanto la guerra en Cuba como la guerra carlista continuaron como obstáculo político y sangría social y económica. Los esclavistas por un lado y los carlistas por otro se embravecieron, convirtieron sus respectivas guerras en cruzadas nacionales y coincidieron en enarbolar el catolicismo como bandera contra una República que, sin más, definieron como atea y anticlerical. Esto ocurría en medio de la desconfianza internacional por temor a una repetición de la Comuna de París. Solo los Estados Unidos y Suiza reconocieron de inmediato un sistema que ellos consideraban plenamente normal. El resto de los países seguía bajo sistemas monárquicos o con inercias en las que se pensaba que la monarquía, por sí misma, era garantía de estabilidad.

Reading navigation