Explore "El poder y el delirio" by Enrique Krauze on Textopian. Read with annotations and highlights.
Hugo Chávez no es el heredero del proyecto histórico de Bolívar. El heredero colectivo de ese proyecto es la democracia venezolana, la democracia liberal, socialdemócrata y cristiana de Venezuela. Chávez ha decretado inexistente, equivocado, muerto ese pasado democrático de Venezuela, pero la muerte que ha anunciado no es solo prematura: probablemente será ilusoria. La democracia ha recorrido un camino suficientemente largo como para negarse a firmar su propia acta de defunción. Sus caídas han sido continuas y dolorosas pero no definitivas. En América Latina, la democracia se ha perdido muchas veces pero (como en la Grecia antigua) se ha reconquistado.
Contra la modernidad han conspirado desde el siglo XIX las costumbres heredadas; en primer lugar, la persistencia de la mentalidad politico-teológica del Imperio español. Y surgieron otros escollos formidables como el caudillismo (forma peculiar de la legitimidad carismática que se propagó desde México hasta la Patagonia), las condiciones sociales impropias, las economías precarias, los levantamientos, golpes de Estado, revueltas y rebeliones. Pero en casi todos los países las ideas y las prácticas democráticas avanzaban: aun en las pequeñas poblaciones de Venezuela -escribe Malcolm Deas- circulaban diarios y se participaba en política; se llevaban a cabo elecciones, se integraban Congresos, se impartía justicia. En países como Uruguay, Argentina, Chile se construían repúblicas sólidas. Y, como escribió Octavio Paz, aun los gobiernos más autoritarios rendían tributo (aunque fuera formalmente) a la legitimidad democrática original.