Explore "El poder y el delirio" by Enrique Krauze on Textopian. Read with annotations and highlights.
La llegada al poder de Hugo Chávez no era inevitable. En su triunfo -además de su propio, indiscutible genio político- incidieron factores diversos y complejos que el pensamiento democrático liberal, socialdemócrata y la izquierda independiente del país no han terminado de dilucidar y digerir. Quizás alguna vez lo logren. El hecho es que Venezuela tiró el agua del gobierno de Pérez junto con el niño de la democracia.
Según Moisés Naím, en Venezuela se fue abriendo paso lentamente -a lo largo de los quince años que van del primero al segundo periodo de Carlos Andrés Pérez- un silogismo simple pero corrosivo que, por desgracia, tenía asideros firmes en la realidad: Venezuela es un país rico, yo soy pobre, luego alguien se está robando mi dinero. Y sí, alguien (muchos alguien) se estaba robando a manos llenas el dinero. La corrupción, el peculado, era una vieja lacra de la vida venezolana, ya presente en el siglo XIX, tan arraigada como la «mordida» mexicana. La vida pública reducida a la imagen de un gran pastel de bienes nacionales al que un grupo de políticos (y empresarios, líderes sindicales, mediáticos, militares) le echaba mano, con efectos terribles sobre el tejido social y la moral pública. Como escribió Gabriel Zaid sobre México: «La corrupción no era parte del sistema: era el sistema». Así ocurrió en Venezuela, sobre todo en el momento en que el barril pasó de 2 a 14 dólares.